El síndrome PRISA

Antes de nada, voy a hacer una confesión. Hace mucho que no leo un periódico.

Así las cosas, no sé muy bien cómo analizar el ERE de El País sin que se entienda mal. Pero como todavía no me lee nadie, me lo voy a permitir.

Ayer leí la carta de los trabajadores de El País a sus lectores y he recordado una época en la que todos los empleados de PRISA que yo conocía se identificaban con los mensajes que la dirección del grupo hacía circular. Interiorizaban el discurso de Jesús de Polanco como si fueran accionistas o consejeros delegados. Era una época en la que ser de El País o de la SER, visto desde fuera, daba miedo y envidia. Envidia por el prestigio que daba trabajar en los medios bandera del grupo, obviamente; y miedo al ver que una vez dentro, el trabajador de PRISA se sentía accionista. Era un síndrome. Los periodistas “no PRISA” bromeábamos con los de “la casa”, cuando había confianza, y les decíamos que parecían una secta. Que había vida fuera de PRISA. Algunos no eran felices dentro, había abusos como en los medios donde trabajábamos los demás, pero temían no ya salir, sino protestar, mostrar cierta desafección al “régimen”. Y salía esa frase aterradora: “Hace mucho frío fuera”.

Al leer la carta de los trabajadores, he visto por qué sucedía esto y lo he comprendido perfectamente. Los trabajadores se sentían parte de un proyecto. En su carta, hablan de la contribución de la plantilla al periódico más allá de los conceptos retributivos tangibles en sus nóminas. Un proyecto progresista, de rigor periodístico, de prestigio, que poco a poco cayó -como todos los demás– en un modelo de gestión basado en no molestar demasiado a quien paga la publicidad. Un proyecto que fue desapareciendo.

En tiempos de bonanza, ese modelo da un dineral. Pero ahora vienen mal dadas, y ocurren dos cosas:

– los lectores/oyentes te dan la espalda porque hace tiempo que no les ofreces información relevante (no es veraz, es vieja, incompleta,  y/o no les resulta útil); ha habido otras crisis y el periódico ha salido adelante, porque no había coincidido nunca antes una crisis tan grande y una decadencia de contenidos tan prolongada, un encanallamiento tan atroz. Un desprestigio tan acusado. Y no es culpa de los redactores. No de todos. Y no pasa sólo en El País: pasa en todos.

– la publicidad se retira porque, además de no haber dinero para pagarla, es cada vez menos efectiva (nadie compra el periódico si no hay dinero, y además, aunque tengas impactos, el producto anunciado no se vende por lo mismo, porque no hay dinero).

Al hilo de ésto no puedo evitar recordar a mi padre cuando, hace más de 15 años, dijo que El País Semanal se había convertido en un catálogo para gente rica.

Esto lo venían viendo sus trabajadores. Lo sé porque, aún en plena burbuja, en petit comité, redactores de El País y la SER empezaron a hablar de que a sus directivos se les había ido la cabeza. Los números no iban mal, había dinero para pagar sumas astronómicas, pero ellos ya hablaban abiertamente de una deriva que no les gustaba. Ahora, cuando para tapar el cierre de la delegación en Washington, la SER vende a Javier del Pino como un “fichaje” para el fin de semana, los trabajadores no se muerden la lengua, y destilan la amargura del “ya lo decíamos” sin haber podido hacer nada salvo salir a tiempo de la “secta”. Y pocos lo han hecho.

Por todo esto, hay un punto de la carta de los trabajadores de El País en el que no estoy de acuerdo: el periódico que nos quede después del ERE no será mucho peor que el que ya era gracias a muchos años de errática línea editorial, y un cada vez menor compromiso con el periodismo, con la información y con el ciudadano. Deterioro que, por cierto, es paralelo al que ha sufrido la relación del PSOE con los ciudadanos que alguna vez le confiaron el Gobierno. Estoy casi segura de que hay una relación pero no tengo paciencia para hacer una tesis y demostrarlo. Volviendo al periódico. Quizá sea demasiado tarde para que El País haga de nuevo el producto que el lector demanda: periodismo. Es demasiado tarde, es demasiado caro. No hay margen.

El lector está encontrando ese producto en otras partes. El lector, eso sí, tiene que hacer un enorme trabajo de criba que antes hacían los redactores, redactores jefes, editores, directores… además de un trabajo de traducción muchas veces frustrante. Pero para leer tuits en El País tres días después de leerlos en mi TL, no hace falta El País. No hace falta ningún periódico. Y por supuesto, no hacen falta periodistas. No hacemos falta, salvo para hacer periodismo.

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2 pensamientos en “El síndrome PRISA

  1. Medios de confusión masiva
    LA BANCA ES LA PROPIETARIA DE LOS GRUPOS MEDIÁTICOS
    http://superduque777.wordpress.com/2013/06/14/medios-de-confusion-masiva/

    • Teresa Amor dice:

      La banca es propietaria de todo. Pero luego la crisis del periodismo es culpa del formato, de internet, de los periodistas que no hacen bien su trabajo, etc. Me da a mí que mientras un banquero decida la línea editorial desde su aburrido e interesado punto de vista, nadie volverá a leer los periódicos.

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