Sucesos, testigos y redes sociales

Nunca fue tan fácil acceder a las fuentes de información. Internet es relativamente rápido y estamos la mayoría capacitados para buscar información en varios idiomas. Sin embargo, y sabiendo que quien lea esto pensará que soy una antigua, sigo creyendo que hay algo absolutamente necesario cuando cubres una información y es salir a la calle. Sé que en las redacciones cada vez más mermadas hay un redactor por cada siete mesas y es difícil que el pobre pueda hacerlo todo si sale a cubrir un suceso. Sólo podrá informar de ese suceso y, por muy bien que lo haga, le quedará todo el resto del trabajo por hacer.

Entonces, ante un suceso como la muerte esta madrugada de tres jóvenes en una avalancha en el Madrid Arena, los medios se apresuran a buscar testimonios vía redes sociales. Es algo fantástico, porque antes de que estas redes existieran, cubrir un suceso desde la redacción era una auténtica locura. Tenías que manejar la guía telefónica -las Páginas Blancas en papel, aquello era oro en paño- y solía dar buen resultado cuando el suceso tenía lugar en un inmueble con número de portal, calle, etc. Te ibas a los García, González, Pérez, López, apellidos muy comunes, y buscabas alguno que viviera en el inmueble. Te dejabas los ojos pero siempre aparecía alguien a quien llamar por teléfono.

– Buenas tardes, ¿es usted el señor García?- Preguntabas.

– Sí, dígame.-

– ¿Vive usted en la calle tal, número tal?

La pregunta era obligada, había que contrastar hasta lo que ponía en la guía telefónica.

Si la respuesta era afirmativa, seguías.

– Mire, le llamo de tal medio, soy periodista, creo que ahí ha habido hoy un homicidio, ¿sabe usted cómo ha sido, quién era la persona fallecida?

Se iniciaba una conversación que a veces, la mayoría de las veces, daba como resultado un testimonio interesante. El colmo de la alegría era cuando te decían:

– Ya se lo he contado todo a la Policía, señorita.

Eso quería decir que habías dado con un tipo que le había interesado a la policía. Era bueno. Si no era tan bueno, por determinados indicios acababas sabiendo si tu interlocutor hablaba de oídas o había presenciado el tema, o había conocido a la víctima, al detenido, o lo que fuera. Si no, siempre podías preguntarle:

– ¿Conoce usted a algún vecino que sepa algo más, que fuera más cercano a la familia de la víctima, o del detenido? ¿Podría ponerme con él?

Y a veces te lo pasaban, la gente es maravillosa.

Pero lo mejor para cubrir un suceso, imprescindible en casos como el del Madrid Arena, era salir a la calle, ir a donde habían ocurrido las cosas, y contar lo que veías para poner los lectores u oyentes en el lugar de los hechos. Esa es la misión de un periodista: llevar a tu audiencia allí donde suceden las cosas, para que tenga el conocimiento más completo posible de lo sucedido.

Ahora que nadie sabe manejar una guía telefónica y que las páginas blancas ya no andan por las redacciones en papel, la cosa se ha complicado bastante. Pero tenemos las redes sociales. El problema de éstas es que tomamos lo que en ellas se publica como si fuera cierto a priori, cuando lo cierto es que multiplican las dudas acerca de si quien dice haber estado en el suceso ha estado allí realmente. ¿Cómo se verifica en los medios la autenticidad de los testimonios? ¿Existe algún criterio a la hora de copiar y pegar lo que aparece en Twitter o Facebook?

Esta mañana formulé esa misma pregunta a los periodistas que estaban firmando en medios digitales, radio y televisión las informaciones con testimonios de lo ocurrido. Envié mails y mensajes directos o menciones a través de Twitter a periodistas de Canal Sur, Telecinco, Telemadrid, Onda Madrid, El País, La Vanguardia, El Confidencial y Cadena SER. Nadie me contestó, salvo Telemadrid y Onda Madrid. En el primer caso, María López me explicó que iban físicamente al lugar de los hechos; en el segundo, Loli Jurado me indicó que entrevistaron por teléfono a los que habían encontrado por la red, y a sus padres en el caso de que se tratara de menores de edad (que por cierto, no deberían haber podido acceder al recinto).

Sin embargo, un medio como El País publicaba directamente testimonios subidos a la red y pedía a través de su página en Facebook que quienes hubieran estado allí, contaran más cosas.
El problema es que así, pidiendo testimonios en Facebook para hacer un copypega de los mismos en el periódico, sin comprobar nada, podemos estar haciendo feliz a alguien que quiere gastarnos una broma o simplemente, por puro erostratismo, presumir ante sus amigos que nos la ha colado. Pero no estamos haciendo periodismo, como bien hicieron notar los tuiteros como @GuerraEterna:

:

El mismo estilo utilizaron algún programa de La Sexta y reporteros de otros medios, llegando a cabrear bastante a la concurrencia, un poco harta de este tipo de prácticas que alejan al periodismo de su razón de ser y lo convierten en algo parecido a “radio macuto” o “radio patio”.

Y mientras, en un vídeo subido a Youtube por uno de los testigos de la avalancha, y que enlazaron varios medios, los comentarios estaban llenos de teléfonos de contacto y nombres de redactores que pedían al dueño del vídeo que les llamara para hablar con él. Había algún comentario realmente sonrojante:

Todo esto carecería de importancia si no fuera porque se habla de la crisis del periodismo como algo puramente derivado de la crisis económica, cuando en realidad, la situación está como está porque arrastra una crisis de contenidos, de profesionalidad y de dedicación que lleva afectando a toda la prensa española hace muchos años, diría que como poco hace más de diez.

En mi modesta opinión, las redes son una herramienta fantástica para encontrar a quienes antes encontrábamos en las páginas blancas de Telefónica. Pero hay que hacer algo más que copiar y pegar desde Twitter o Facebook, porque el usuario ya lee directamente los testimonios ahí publicados, y lo que necesita es que tú, periodista, desde un medio de comunicación, le garantices que lo que tu medio publica y tú firmas es realmente un testimonio de alguien que estuvo allí. Ahora lo llaman “curación de contenidos” pero es lo que se ha hecho siempre en las redacciones: asegurarte de que tu audiencia tiene la mejor información posible, en su contexto y con la presentación más clara posible.

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Un pensamiento en “Sucesos, testigos y redes sociales

  1. elena dice:

    Tienes toda la razón

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