Archivos Mensuales: febrero 2013

La noche socialista es larga

Joaquín Leguina y José Acosta, en una imagen de 1990.

Joaquín Leguina y José Acosta, en una imagen de 1990 con la que el diario El Mundo ilustraba un reportaje de 2010 sobre los “20 años de guerra de guerrillas en la FSM”.

Nunca he ocultado mis opiniones. Ni antes en la calle ni ahora en Internet. Quien quiera conocerme, cuanto antes sepa quién soy, mejor para los dos. No tengo más dobleces que las que permiten una saludable vida familiar y social.

Pero suelo escribir poco de política en el blog, y hoy voy a hacerlo, como se adivina por el título del post. La frase de “la noche socialista es larga” viene de antiguo y aunque no sé su origen, sí recuerdo que se me quedó grabada en el congreso de la Federación Socialista Madrileña (ahora Partido Socialista de Madrid) de Alcorcón en 1997. Entonces estábamos cubriendo aquello algunos periodistas como Francisco Javier Barroso (El País), Javier Chivite (entonces COPE) y la que suscribe, por entonces también en la cadena obispal. Sé que se me olvidan compañeros, y perdonadme los que os sintáis postergados, pero la anécdota concierne a los que aquí menciono.

Se presentaron tres listas a aquel tumultuoso cónclave: la renovadora, encabezada por Jaime Lissavetzky, la “guerrista” o acostista, encabezada por José Acosta, y a última hora la de Izquierda Socialista, una candidatura encabezada por Antonio García Santesmases. Como un trasunto de cualquier congreso del PSOE a nivel nacional, aquél de la FSM en el Teatro Buero Vallejo de Alcorcón tenía los equilibrios muy justos entre las dos candidaturas más fuertes (Lissavetzky y Acosta) y al aparecer la tercera lista se complicaron bastante los planes. Sobre todo para los “alcaldes del Sur”, que ejercían el papel de “barones territoriales” pero a nivel regional, en la Comunidad de Madrid. Los papeles se repartían como si el congreso regional fuera una especie de reproducción a escala de lo que pasaba en el PSOE a nivel nacional. En vez de “barones”, aquí teníamos alcaldes del “cinturón rojo”. El objetivo era dar al PSOE la victoria en las elecciones municipales y autonómicas de 1999.

De aquel congreso recuerdo que las negociaciones se prolongaban hasta la madrugada. Los compañeros como Chivite y Barroso tenían la suerte de compartir el aseo de los delegados varones, que eran los que partían el bacalao. En ese momento de intimidad en que los señores mean de cara a la pared uno junto a otro como si no estuvieran sacándose allí la chorra, los compañeros se permitían departir con los delegados sobre el devenir de las negociaciones. En uno de los recesos, cuando la noche se hacía eterna y ya no sabíamos qué contar en los boletines horarios, Juan Barranco salió al baño y allí le asaltó Chivite con la pregunta de si quedaba mucho para llegar a un acuerdo. “La noche socialista es larga”, les dijo. Y ahí nació para mí esa frase, que seguimos utilizando cuando se tercia, porque se siguen produciendo situaciones similares a las que les viene la frase muy bien traída.

Las mujeres no podíamos sacar esos jugosos titulares del aseo porque la única mujer que pintó algo noticiable en aquél congreso fue Cristina Alberdi: casi a última hora, decidió que se ofrecía -¡se ofrecía!- para presidir la FSM con Lissavetzky de secretario general, aunque todos pensábamos que aspiraba en realidad a ser alcaldesa de Madrid.

La noche terminó sin acuerdo: los alcaldes del sur (que eran los que podían, con sus delegados, determinar si la balanza de la FSM caía del lado acostista o del lado renovador; Santesmases solo no podía) no se decidieron. Y entonces apareció, el domingo por la mañana, Felipe González. Señaló con su dedo a Lissavetzky, y como Dios, dijo: “este es mi hijo, el bienamado”. Los alcaldes dijeron “amén” y el congreso terminó.

Pero la noche socialista, que como digo es larga, no terminó. En Madrid la noche socialista apenas acababa de empezar.

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El plasma

Apaga el plasma

Apaga el plasma

Estos días en los que tenemos un presidente de plasma como el de la obra de Orwell 1984, he recordado varias historias que me gustaría que sirvieran para que aprendiéramos todos algo. En particular, los periodistas.

En la obra Fuenteovejuna, de Lope de Vega, se narra una historia en la que el héroe es el pueblo que se alza contra la injusticia y mata al comendador. Y cuando la autoridad quiere saber quién mató al comendador, le contestan que Fuenteovejuna fue.

En la película Espartaco, de Stanley Kubrick, cuando los romanos -aquí, los malos- les dicen a los esclavos vencidos que se salvarán de la muerte si delatan a su líder, salen todos a una (como en Fuenteovejuna), y gritan: “yo soy Espartaco“.

Por último, en su película 13 días, Roger Donaldson, cuenta la crisis de los misiles de octubre de 1962. Cuando el embajador norteamericano exige en la Asamblea General de la ONU al embajador ruso que conteste sí o no a la pregunta de si Rusia tiene misiles en Cuba, el ruso evita contestar. Entonces le toca el turno de preguntas al embajador de Chile, que dice: cedo mi tiempo al embajador estadounidense para que insista.

De la primera historia, aprenderíamos que si todos los periodistas dejamos de verdad de dar cobertura a declaraciones que no permiten preguntas, el formato desaparecería. Y como mal menor, los medios se ahorrarían una pasta en personal y desplazamientos a unos hechos que pueden seguirse estupendamente en chanclas desde el sofá de casa. Vale: hay corrillos y te los pierdes. Pero los corrillos son para intoxicar, la última información relevante y espontánea salida de un corrillo con políticos debe de ser, calculo, de hace 20 años.

De Espartaco, deberíamos comprender que nada de lo que pretendemos los periodistas y la sociedad se consigue sin sacrificios. Especialmente, las libertades. Y que a veces no se consigue nada salvo pasar a la historia. Los periodistas, el periodismo, hemos sido parte del problema en que estamos metidos. Debemos ser parte de la solución, y eso nos va a costar incomodidades, amenazas y despidos. Afortunadamente, ya no nos crucifican, como en tiempos de Espartaco. Algo hemos ganado.

Del episodio de la ONU recogido cinematográficamente en 13 días, me acordé cuando el pasado jueves María Dolores de Cospedal, secretaria general del PP, no permitió que el periodista de El País preguntara en la rueda de prensa que ofreció tras publicar el periódico algunos de los papeles de Bárcenas. Si los compañeros que estaban en la rueda de prensa, a la vista de la situación, hubieran ofrecido su turno para que preguntara el de El País, a Cospedal no le habría quedado más remedio que contestar. Vale, puede caerte fatal el de El País, pero hoy son ellos y mañana eres tú. Cuando cubría información municipal en el Ayuntamiento de Madrid, siempre decíamos que “las empresas compiten, y los compañeros se ayudan”. No sé dónde ha ido a parar esa máxima, ni por qué hemos dejado que se pierda.

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