Reinvéntate tú

La última vez que trabajé en un medio de comunicación, integrada en una ruidosa redacción, espoleada por la hora del cierre, fue en 2009, en el extinto Diario Metro. Cuando cerró, supe que ya nunca más volvería a escribir en un medio, que aquello para lo que yo había estudiado y luchado durante toda mi vida iba a desaparecer. Supe que allí terminaba todo.

Entonces ya se empezaba a escuchar lo de “reinvéntate”. Muchos compañeros y amigos incorporaban la “reinvención” a sus bio de Twitter, a su perfil en LinkedIn, a su lista de tareas. A mí aquello siempre me pareció que era como hacer dos veces algo erróneo. Inventarse cuando lo más difícil en esta vida es saber quién es uno de verdad suena a ponerse una máscara, a idear “otro yo” que tape al anterior, que lo maquille y disimule. Re-inventarse es volver a cometer el error de esconderte a ti mismo. Como si te hubieran pillado en falta.

Pese a que 2009 ya queda lejos, sigo oyendo el “reinvéntate” como una orden que escupen bocas cada vez más indecentes. Directores de periódicos, empresarios, entrenadores personales, políticos, … ¡políticos! El pasado jueves volví a escuchar ese latiguillo y a leer a amigos míos que estaban, decían, reinventándose. Habían asumido ese mantra y ahí estaban, intentando deshacerse de sí mismos para ser otros, culpables de ser ellos. Me dolía porque es gente a la que aprecio y de cuya valía profesional puedo dar fe por escrito, por triplicado y por registro. Entonces posteé lo siguiente:

"Me ha costado décadas saber quién soy. Ahora lo sé. Al próximo que me diga que me reinvente le doy".

“Me ha costado décadas saber quién soy. Ahora lo sé. Al próximo que me diga que me reinvente le doy”

Como se ve, no estoy sola en esa percepción de que se nos está tomando el pelo muy por encima de nuestras posibilidades y paciencia.

Señores de la reinvención: llevo toda la vida innovando. Tengo 42 años y correo electrónico desde hace más de 20. Cuando ninguno de ustedes sabía qué era Menéame o Digg, yo ya los utilizaba para promocionar noticias y sacar temas (los colegas de profesión sabéis qué es eso), y no los sacaba de la portada de Menéame, sino de la lista de “pendientes” donde muchas veces había noticias más interesantes que lo que se promocionaba a portada.

Cuando ningún medio español utilizaba Twitter, yo ya tenía usuario (no el de ahora sino un seudónimo, bien es verdad) y aprendí a buscar historias para contarlas y a localizar posibles testigos de un suceso. Aprendí a escuchar y a monitorizar.

Cuando en 2008 ningún medio se hacía eco del pinchazo de la burbuja, en mi periódico contábamos la saturación de los juzgados 31 y 32 de Capitán Haya, juzgados de lo hipotecario, donde no daban abasto a desahuciar gente.

Años antes de que Efe comprara grabadoras digitales, yo ya tenía una porque Javier Chivite, que me conoce bien, me la había regalado por mi cumpleaños aunque costaba más de 30.000 pesetas, con lo que eso era entonces. Y cuando mucho después la agencia decidió que había que cambiar las cassettes por otra cosa, me dio las cuatro o cinco grabadoras digitales que había en el mercado para que las probara e hiciera un informe técnico con el que decidir qué modelo comprar a los redactores. Por lo que veo en los canutazos, en Efe todavía usan el que yo recomendé.

Cuando en 2009 llegué a la comunicación institucional dije que había que empezar a utilizar las redes sociales para comunicar y no se me hizo caso hasta que fue demasiado tarde. Quizá me faltó pedagogía, no digo que no. Pero hoy todos mis compañeros de departamento tienen Twitter y aunque nos han dispersado sembrando de sal lo que hicimos, seguimos conectados, comentando e influyendo.

Mientras, los directores de los medios de comunicación corren como pollo sin cabeza en busca de un nuevo modelo de negocio, un grial, una nueva “edad dorada” del periodismo, con cifras de ventas y publicidad cada vez más mortecinas, sin un futuro claro y sin saber qué hacer para salvarse del naufragio, y tratan de flotar hundiendo a sus diezmadas redacciones en el silencio, el SEO, el todo por el click. Señores, no se reinventen. Váyanse. Han llegado tarde a todo. Y dejen a sus periodistas hacer periodismo, que igual es lo que los ciudadanos echan de menos en sus medios. Váyanse pronto no sea que también lleguen tarde a la solución del problema.

Por lo que a mí respecta, no me pienso reinventar. No me he quedado atrás nunca. A los que desde su poltrona claman por la reinvención les llevo años de ventaja.

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12 pensamientos en “Reinvéntate tú

  1. Lydia de la Vega dice:

    Fantástico artículo, Tere. Qué cierto es que a muchos de nosotros, periodistas, no nos hace falta reiventarnos porque siempre hemos estado avanzando, innovando, “al loro” de las nuevas tecnologías, etcétera, para poder mejorar nuestro trabajo e impregnarlo de calidad, calificativo que escasea en los últimos tiempos. Un abrazo y beso muy fuerte.

    PD: dices verdades como templos.
    Lydia de la Vega

  2. Me has recordado mucho a este artículo sobre Buenafuente:
    http://yoriento.com/2012/05/coaching-para-el-cambio-7-razones-por-las-que-buenafuente-no-quiere-reinventarse-734.html/

    Frases fáciles repetidas como mantras de fe. Huir de la complejidad… Signos de nuestro tiempo.

    • Teresa Amor dice:

      Es otro reflejo del hartazgo de frases de autoayuda y de una corriente que culpabiliza a la ciudadanía de lo que está pasando. Gracias por comentar, Luis, un abrazo!

  3. polocoaching dice:

    Uf! Qué sensación de enfado me ha trasmitido tu entrada… reinventarse, no hacerlo, saber qué significa eso… ¿Qué tiene que ver eso contigo?
    En mi opinión reinventarse no es mas que un término robado para referirse, ahora y de manera llamativa y con intención evocadora, a la idea de conocerse y adaptarse. Quien lo hace de continuo, le da igual, quien no lo hace, quizá le inspire o le anime, quien lo hace y se mosquea porque le dicen que lo haga, quizá y solo quizá no lo esté haciendo en realidad, quizá sea solo una jaula de conceptos.
    En fin, siento si me estoy equivocando o algo no he entendido bien, el artículo me causó sensación de enfado y de contener una queja indefinida y solo pretendo llamarte la atención sobre ello por si te dice algo de ti… a mi, la idea de que alguien se conozca y se adapte no me parece mala, aunque como decía antes, quizá es que no entendemos igual el término.
    Gracias por tu artículo, me ha servido para pensar y ha resultado estimulante.

    • Teresa Amor dice:

      Es cierto que estaba enfadada. En ese momento, no porque me hubieran dicho que me reinventara, sino que había visto a gente muy capaz y solvente asumir el mantra, acríticamente; decir que se estaban “reinventando”, como avergonzados de su vida profesional anterior, que había sido brillante e innovadora, curiosa, digna. Me sentí mal no por mí sino por tanto talento y tanto conocimiento y tanta profesión tirada por la borda. Estoy harta de ver cómo a los buenos ebanistas se les enseñan los muebles de Ikea sin pudor. A mí se me caería la cara de vergüenza si tuviera que decirle a alguien brillante: “mira, chaval, todo lo que has hecho hasta ahora, hasta innovar, no ha servido para nada. Sé otro. Sé diferente. Sé como los muebles de Ikea. De usar y tirar”. Y que eso te lo digan desde poltronas llenas de caspa y polvo, se me hace insoportable. Aunque no me lo digan a mí.
      Gracias por tu sinceridad, siento si algo de lo dicho te ha podido parecer tosco pero a veces escribo indignada y se me nota. Soy transparente 😉
      Un abrazo enorme!

      • polocoaching dice:

        Gracias de nuevo.
        Entendido el enfoque. La utilización del término con fines manipulativos y no potenciadores, en manos de quienes manejan los lenguajes del poder, resulta limitador para quien no sabe ver mas allá y muy indignante. Espero que ese mensaje llegue a quienes lo necesiten para cambier el foco y seguir desarrollando su potencial y alcanzar sus objetivos.
        Un abrazo enorme también para ti!

  4. Beatriz Tejada dice:

    El proceso es éste: te quedas en paro y todos aquellos que siguen conservando el trabajo (el mismo en el que llevan muchísimos años y, por tanto, rara vez se han enfrentado a la tarea de aprender nuevas tareas o ampliar aptitudes y conocimientos) te dicen que la salida a tu situación es que te reinventes. Muy bien, ¿cómo no lo habría pensado antes?

    He pasado por redacciones de periódicos, agencias de noticias, revistas, productoras de televisión, gabinetes de prensa… Cada cambio de empleo (o simplemente de sección o responsabilidades) me ha servido para reinventarme: aprender a manejar nuevas tecnologías, herramientas o técnicas (fotografía, diseño gráfico, protocolo, numerosos editores de textos, gestores de contenidos web, editores de vídeo, y ahora las redes sociales, el SEO, diversas apps…) y estudiar sobre aquellos temas de los que tenía que informar, tan variopintos como vivienda y desarrollo urbano, sanidad, educación, economía, arquitectura, cine, shopping o interiorismo. ¿Puede haber mayor reinvención que pasar de escribir sobre política a hacerlo sobre moda?

    Gracias, Tere, por poner negro sobre blanco lo que pensamos todos aquellos que jamás hemos dejado de reinventarnos.

  5. Teresa Amor dice:

    Gracias a ti, Bea, por tantísimas cosas. Un besazo!

  6. perecaparros dice:

    Hace poco que nos hemos conocido a través de las redes sociales y rápido te admiro Tere por lo claritas que explicas y se entienden tus ideas.
    Como pedagogo y por experiencia atendiendo a personas que buscan empleo, coincido contigo en que el mensaje de la reinvención es erróneo cuando se simplifica su concepto y no se mida con calma la realidad del contexto actual en el que nos movemos.
    Pedir a la gente que busque algo nuevo, innovador y desconocido es incoherente con el proceso natural de adaptación a la velocidad con la que avanzan los hechos, provocando mil frustraciones, a veces difíciles de remontar.
    Bajo otro prisma, conviene ser más cauto y sugerir a quien debe retomar nuevos retos que se harte de paciencia , valore sus competencias, escoja caminos en los que se sienta a gusto y luche por adaptarse a los cambios y aceptar la realidad que atravesamos, formándose, aprendiendo y buscando hasta que encuentre. Sin que falle la salud y rodeado de buenas vibraciones, aunque suene a mucho, ese camino se hace más ligero.

    • Teresa Amor dice:

      Muchas gracias por tus palabras, Pere. La pena es que los despedidos, los que sufren por no tener trabajo teniendo capacidad y ganas, encima se culpan. Hoy a un vecino mío, químico de carrera, le han despedido. Aún piensa el pobre que quizá fue culpa suya (“algo no hice bien”, se dice). Es absurdo que después de décadas escuchando que la especialización es el futuro, la razón de la excelencia, ahora que ya somos especialistas, la cosa sea “reinventarse”, ser otro. Conozco decenas de gente que no ha dado un palo al agua en su vida y que sigue en su puesto porque su mediocridad no amenaza la mediocridad de los de arriba. Pensemos en ello, y en que quizá el secreto de la productividad esté ahí.

  7. perecaparros dice:

    El vecino en su fase de duelo es normal que sienta culpa. Cuánta gente válida y preparada se está cargando el sistema. En estas circunstancias, a mí sinceramente sólo se me ocurre una fórmula, luchar por nuestras ideas y ser fieles a nosotros mismos. Mucha fuerza para todos, un abrazo, Tere.

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