El hombre que no pasará a la historia

Se cumplen ahora 50 años del famoso “I have a dream” de Martin Luther King. La historia de esa frase está bastante bien contada aquí y no voy a abundar en ella. En ese discurso, hay algo crucial que nadie ve, pero que llamó la atención de Javier Chivite, quien me dio la idea para este post. Vean al tipo que coloca los micrófonos, son sólo unos segundos (min. 0:58):

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Se trata de un miembro del servicio de orden del Lincoln Memorial, enclave perteneciente a la red de parques nacionales de EEUU.

Este hombre, cuyo nombre e inquietudes desconocemos, coloca los micrófonos de manera que el sonido del discurso de MLK llegue nítido a nuestros oídos. Pero ese guardia no se queda conforme. Motu proprio o por indicación de otra persona, vuelve a actuar: pasados unos minutos, su mano (blanca, zurda y sin embargo con cierta elegante rigidez de saludo marcial) se atraviesa con enorme osadía entre la persona de MLK y los millones de ojos y decenas de cámaras que lo observaban para volver a bajar los micros, que seguían afeando la imagen del líder negro (min. 8:38):

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El resultado es este:

No sé quién le dijo que hiciera lo que hizo. No sé si fue él mismo quien decidió que estaba allí para algo más que para garantizar el orden. Pero para aquellos que aún no saben qué hacemos los profesionales de la comunicación institucional y el protocolo, este guardia explica bastante bien cuál es nuestro trabajo: no estar, no ser vistos, no pasar a la historia, pero que nuestra atención permita que la historia -en la era de la imagen- se escriba completa y sin estorbos. Muchos pensarán que a diario los profesionales no hacemos “historia”, porque solemos organizar actos públicos relativamente anodinos para oradores que ni mucho menos están a la altura de MLK. Pero es cierto que nunca sabes cuándo puedes estar haciendo historia. De hecho, el Washington Post acaba de pedir disculpas porque hace 50 años no supieron ver en el “I have a dream” una frase histórica y se la comieron con patatas.

Por si acaso, siempre tienes que ocuparte de que todo (no sólo el sonido y la imagen: todo) sea perfecto sin que nadie note que tú estabas allí para bajar los micrófonos, para ver que el tiro de cámara era correcto, para que nada estorbe o distraiga de lo esencial. Y tú, profesional de la cosa, debes ser invisible, como ese guardia que ha estado 50 años siendo invisible y al que hoy reivindico.

Por cierto que el guardia aparece en innumerables fotos junto a MLK, no se movió de su lado durante el discurso.

I have a dream

Desconozco quién es o si vive aún, como este otro agente, que hoy rememora para el Washington Post su presencia en el legendario evento.

A nuestro anónimo héroe podéis encontrarlo también en esta imagen de AFP que hemos visto en la colección que ha publicado el diario The Oregonian en su web.

No quiero terminar sin recomendar la información de Bárbara Yuste en Cuarto Poder sobre el proyecto para recuperar y reconocer la enorme repercusión de MLK y su discurso en lo que sería el futuro de la población afroamericana.

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Un pensamiento en “El hombre que no pasará a la historia

  1. Muy bueno el post, Teresa! Toda la razón del mundo…

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