Archivos Mensuales: febrero 2014

Emprecarios

precariado

Hoy no escribo yo. No por falta de ganas, sino porque cuando ya me iba a poner a escribir, ha venido Manuel Dafonte y me ha dado esto. Así que le he invitado a mi blog y estas son sus palabras:

Hace unos días, antes de que WhatsApp pasase a formar parte de Facebook, circulaba por ambas redes un texto que nos avisaba de que vivíamos en momentos extraños. Nos decía que, en España, “la clase trabajadora no tiene trabajo, la clase media no tiene medios y la clase alta no tiene clase”.

Ironías aparte, esta referencia a las clases sociales nos trae a la memoria a Guy Standing y a su libro “El precariado”, un neologismo que explica muy bien la fragmentación social que se ha dado en España en los últimos siete años de crisis. La polarización de la sociedad se ha impuesto definitivamente, dejando en un lado a las plutocracias y oligarquías tradicionales que representan menos del 10% de la población y, en el otro, al más del 90% de los ciudadanos que han visto esfumarse sus ahorros, su protección social y su futuro laboral y que se han tenido que instalar en unas circunstancias de ‘normalidad’ que algunos han definido incluso como “miseria digital”.

Ya no importa tanto el origen o el nivel de formación de las personas. En España, confluyen en esa nueva clase social obreros sin cualificación y licenciados universitarios; autónomos y trabajadores de multinacionales; artistas y funcionarios; hombres y mujeres; jóvenes sin experiencia y mayores de cincuenta con una larga y exitosa trayectoria laboral a sus espaldas. Es un batiburrillo difícil de clasificar, un grupo tan heterogéneo que ni siquiera muchos de sus miembros son conscientes de que pertenecen a esta ‘emergente’ clase social.

A todos les une, sin embargo, la imposibilidad de salir de este averno con techo de cristal blindado que los de ‘arriba’ se encargan cada día de reforzar un poquito más con el fin de que no haya filtraciones hacia sus dominios.

Pero es sin duda la imposibilidad de reponer los pocos recursos de los que van echando mano para sobrevivir (ahorros, patrimonio, amigos, ilusión), el recorte inverosímil de gastos familiares hasta extremos de economía de posguerra y, por último, su inmersión obligada en la fosa abisal de la morosidad lo que, de verdad, les une.

Negación

Es absurdo seguir negándote a ti mismo que estás con todos nosotros en el precariado. Cuanto antes lo asumas antes podremos organizarnos para intentar ayudarnos a vivir en él sin renunciar a convertirlo en algo mejor, e incluso a experimentar con fórmulas que puedan quebrar el vidrio laminado de seguridad transparente que nos aisla, mientras nos permite verla, de esa otra vida: la ‘supervida’.

Si tus gastos son los mínimos posibles y aún así no puedes pagarlos; si tus ingresos son claramente insuficientes para garantizarte una edad de jubilación o para pagar el techo donde has de vivir; desengáñate, eres un precario. “Con escasa estabilidad, seguridad o duración, que carece de los recursos y medios económicos suficientes”. Así te define el diccionario.

Ahora bien, si además tienes un pequeño negocio y estás intentando sobrevivir de él, entonces, enhorabuena, ya eres emprecario, el súmmum del precariado.

Como emprecario, de forma silenciosa, imperceptible, el virus de la precariedad se habrá ido instalando en ti, como la vejez, inexorable pero de ataque pausado y constante, haciéndote creer que a ti no te llegará a afectar nunca ya que, piensas, “sólo tengo que mirar un poco más lejos en mi horizonte vital para alejarlo, total ahora se muere con más de 100”.

Pasará, vendrán tiempos mejores, sólo hay que ser optimistas y ‘apretarse los machos’ ahora. Pasará (gritas), seguro que pasará.

¿Y si fuese esa la clave? Pasar, en el sentido más anglosajón de dejar de estar en este mundo. Muchos emprecarios pensamos que es peor la muerte a plazos que el accidente fatal donde ya no es posible enviar mensajes de despedida pero la liberación es automática.

Somos emprecarios, subclase de un precariado, aferrados a una existencia entre marcas blancas y recuerdos de lo que un día nos pareció el triunfo merecido por tanto esfuerzo. Y tú eres uno de los nuestros porque no hay otro lugar en esta sociedad dual totalmente desequilibrada donde puedas esconderte.

Cuando preguntes a otro autónomo o pequeño empresario: ¿Qué tal? Y te responda con un lacónico: Tirando… habrás descubierto nuestra contraseña, nuestra palabra clave. Vivimos tirando de una pesada carga que no nos deja avanzar: creer que otros tiempos volverán.

¡Jamás! Nunca volveremos a ser los mismos, deberemos aprender a querer esa imagen difusa todavía que el espejo nos devuelve cada mañana y que nos muestra levemente en lo que llegaremos a convertirnos.

Sí, es verdad, fuimos emprendedores, más tarde empresarios, pero ahora nos han transformado en emprecarios, por eso te hago esta pregunta para saber si ya eres de los nuestros: ¿tú también vas tirando?

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Cuando el romanticismo periodístico huele a podrido

En esta época de esclavitudes, lo último que necesitamos es reforzar la idea de lo bonito de la esclavitud en una profesión como la nuestra, el periodismo, donde ser esclavo ya era habitual hace 20 años.

Mr Pessimist. El lado positivo de la comunicación

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Hay algo que huele a podrido en el mundo del periodismo. Si estás estudiando la carrera o tienes intención de hacerlo, es importante que lo sepas. Trataré de ponerte en situación. Hace escasos días, se presentó en Madrid el libro “Emprender en Periodismo”, de Bárbara Yuste y Marga Cabrera; por el título, podrás imaginar que se centra en los nuevos modelos de negocio que están surgiendo como alternativa a la crisis de la industria dominante aprovechando las ventajas del entorno digital. Así es. En el acto de presentación se contó con la participación de representantes de algunas de las iniciativas más interesantes del momento, como Yorokobu, Mongolia o Materia. Pero como maestra de ceremonias estaba ella: Montserrat Domínguez.

Montserrat Domínguez Montserrat Domínguez en la presentación de “Emprender en Periodismo” – Foto: Casa de América

Montserrat Domínguez, para los despistados, es la directora de El…

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Embrace discomfort: my address to the Arizona Newspapers Association

Léanlo. Es desternillante imaginar el discurso, pero lo que dice tiene bastante sentido.

The Buttry Diary

This will be my keynote address to the Arizona Newspapers Association fall convention in Scottsdale today. I didn’t follow the script closely and I trimmed the court-liveblogging section for time, but this is the written version. I also will lead a breakout session on revenue-building ideas.

It’s kind of early on a Saturday morning to start thinking about the weighty matters of the news business, so I’m going to get us started with a little exercise. If you don’t feel comfortable with Twitter, please stand up (if you’re physically able).

OK, if you’re not comfortable using Foursquare, I want you to raise your right hand above your head if you’re already standing or stand up if you’re still sitting.

If you’re not comfortable with Facebook or Pinterest or Reddit or Banjo or Google Voice or Spundge or Storify or ScribbleLive or some other tool with an odd…

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Un cementerio español sólo para soldados alemanes

Nunca en mi vida he hecho un viaje en balde. Siempre descubro algo, los viajes me construyen. Como los libros. El pasado fin de semana estuve en Cáceres. Fui para una matanza y para comprar pimentón, y descubrí que en Cuacos de Yuste, hay un cementerio alemán. Es un pequeño cementerio, discreto y casi escondido, en la carretera que une la población con el monasterio donde Carlos V decidió retirarse en sus últimos días. Aquí están enterrados 26 soldados alemanes de la primera guerra mundial y 154 de la segunda. Pasaban por aquí, unos en avión y otros en barcos o submarinos. Unos aparecieron en las costas, náufragos gravemente heridos o muertos; y otros en tierra firme, pilotos de avión, caídos de una guerra que no era la nuestra. La mayoría de ellos tiene 20 o 22 años. Hay uno de 42 años. Ingeniero. Por la fecha de la lápida, alguno murió un año después de terminada su guerra, y uno piensa si resultaría herido y falleció tras un año de dolorosa agonía en algún hospital español de aquella época, solo y lejos, sin gloria y quizá sin memoria. Rodeado de moscas y de monjas.

Esta foto la hizo mi hijo Juanjo (13 años)

Es aquí, entre robles y olivos, donde esos muertos tienen ahora su última y digna morada. En los años ochenta, se decidió reunir en este lugar a esos soldados que habían sido enterrados hacía décadas en distintos lugares de España. Este es uno de los más de 800 cementerios que cuida la Organización Alemana para la Conservación de Cementerios de los Caídos de Guerra. Se trata de una organización que vive de las cuotas de sus socios y donaciones voluntarias (70%) y de las subvenciones públicas (30%), y como todo lo alemán, está muy bien organizada. Entre otras cosas, se dedican a investigar dónde quedan huesos de sus soldados muertos para recuperarlos y darles un enterramiento digno.

En su web explican, entre otras cosas, que los cementerios pueden ser lugares de reconciliación, de solemnidad y de memoria, pero también lugares utilizados por grupos extremistas para sus manifestaciones políticas. Así que cuentan con actividades para prevenir esas manifestaciones y, sobre todo, advertir a los jóvenes del peligro que suponen esas ideologías. No las nombran, pero se entiende. En el apartado sobre los campamentos de verano (los llaman campos de trabajo, ya tienen humor) explican que en ellos los chavales además de cuidar las tumbas, aprenden historia “por la paz y contra el olvido”.

Vale. Puede parecer un poco extraño, friki si quieren, pero ¿se imaginan un programa similar en España? ¿Aprender de la historia? ¿Reconciliación, educación, prevención del fascismo? ¿Se imaginan buscar en las cunetas sin que un juez tenga que autorizarlo, sino solamente porque los vivos necesitamos enterrar a nuestros muertos con dignidad, desde la noche de los tiempos?

Cuando fui a Berlín, había una exposición sobre la propaganda y la violencia callejera como elementos que auparon al régimen nazi. En ella, había fotos de los principales responsables de aquello, y sólo había un retrato frente al cual no se paraba ningún alemán: el de Hitler. Pasaban de largo, no se detenían a leer sobre él. Es alguien cuya memoria les avergüenza y atormenta. No quieren ni verlo. Spain is different. Spanien ist anders.

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