¿Somos todos anarquistas?

 

Hace bastante que encontré un vídeo sobre el anarquismo en la web de RTVE, un debate televisado que se parece a los actuales lo mismo que un Commodore 64 a un iPad.

En ese debate, una venerable y enérgica ancianita llamada Federica Montseny explicaba qué era el anarquismo y cuáles eran las características del anarquismo en España. Rebatía a aquellos que opinaban que el anarquismo español se limitaba a la CNT y otros sindicatos, cuando en realidad, a su juicio, el anarquismo español hundía sus raíces ideológicas nada menos que en Cervantes y en la Edad Media. Son cuatro minutos deliciosos.

Aparte de que el anarquismo es para Montseny (ya en 1982) la última esperanza del socialismo (fracasado como socialdemocracia en Europa y como totalitarismo en la URSS), me interesa destacar su visión del individuo como ser responsable, capaz por sí solo de gobernarse, de procurarse su medio de vida si tiene acceso a los medios de producción. Pone al ser humano sobre todas las demás cosas, al individuo sobre el Estado y la solidaridad como valor para equilibrar las desigualdades.

El liberalismo de verdad (no el que busca contratos del Estado, delinquiendo si es preciso) pide también la supresión de la injerencia estatal en las relaciones económicas, y pone al individuo sobre todas las cosas confiando en su capacidad para, libre de ataduras y reglamentos, regularse por sí mismo y conseguir generar riqueza y prosperidad. Carece de un valor concreto para equilibrar las desigualdades pues, en un mercado ideal y completamente desregulado, la teoría liberal dice que todos seremos suficientemente ricos para vivir bien.

Lamentablemente, igual que el socialismo de Estado siempre fracasa en la producción y los liberales le acusan de “repartir equitativamente la pobreza”, el capitalismo fracasa en la distribución, y ninguna de las dos opciones ha sabido llevar a buen puerto sus teorías cuando ha tenido ocasión de ponerlas en práctica.

Un discurso viejo en un contexto nuevo
Esto que parece un discurso viejo, viejísimo, decimonónico casi, me interesa como contexto histórico para algo que he tenido ocasión de conocer hace pocos días y por motivos profesionales. Se trata de la economía colaborativa, en la que el individuo decide gestionar sus bienes de manera que los convierte en medios de producción para procurarse unos ingresos que de otra manera no obtendría, reduciendo de paso la emisión de gases contaminantes y otros desechos que amenazan con cambiar nuestro planeta para siempre, y para mal.

Estas nuevas fórmulas ponen de nuevo a la persona en el centro de la economía. El valor por el que se moderan estas relaciones es el de la confianza entre iguales, entre pares. Y están sacudiendo los cimientos de la economía de mercado.

Pienso que este nuevo liberalismo tiene mucho que ver con el anarquismo de la autogestión, y puesto que ambas ideologías reniegan del Estado, encontrarán muy interesante el hecho de que los Estados estén perdiendo la capacidad real de regular las relaciones humanas (económicas y de cualquier otro tipo). Mientras tanto, y para satisfacción de los liberales, las compañías, las multinacionales, sí están ahora capacitadas no sólo para impulsar cambios normativos que las benefician (vía lobbying), sino para usar todo su poder transnacional y provocar cambios, lo que las convierte en entes con enorme responsabilidad en el futuro del planeta. Se les pedirán cuentas.

De modo que tenemos, de un lado, a los ciudadanos haciendo de su capa un sayo para procurarse lo que necesitan pasando bastante de las instituciones. Y a las empresas, actuando al margen de los estados a los que superan en capacidad y resolución para llevar a cabo cambios relevantes.

Si los Estados pierden poder, no es menos cierto que los ciudadanos hemos perdido poder como tales y lo estamos empezando a ejercer como clientes dando a nuestras decisiones de compra un valor de voto.

Datos de la última encuesta del CIS

Datos de la última encuesta del CIS

 

Además de ejercer nuestro derecho al voto en cada decisión de compra (el lado oscuro de esto es que sólo puede ejercer ese voto quien tiene dinero para comprar), optamos por modelos de economía colaborativa que nos convierten en productores de bienes y servicios, y nos alejan de intermediarios que hasta ahora (pienso en las grandes empresas de distribución) se repartían un mercado infantilizado y pusilánime que se limitaba a pasar por los lineales del supermercado cogiendo cosas sin ton ni son, de manera maquinal y poco reflexiva. Poco humana.

Todo esto me hace pensar si no estamos ante la necesidad de un nuevo humanismo (el anarquismo, el liberalismo… eran humanistas en su concepción) que vuelva a colocar a la persona, a todas las personas, en el centro de las acciones colectivas e individuales, de forma que el mundo sea capaz de organizarse para que todos compartamos un nivel similar de bienestar. Y no pienso sólo en el ser humano de occidente, sino en todos los millones de desheredados de la tierra. Como decía el presidente uruguayo José Múgica en una reciente entrevista en TV, “los negros de África no son de África, son nuestros: tenemos que empezar a pensar como especie”.

 

Anuncios
Etiquetado , , , , , , , ,

3 pensamientos en “¿Somos todos anarquistas?

  1. Nohemí dice:

    Me ha encantado.
    Gracias por se así.

  2. SDSDSDDS dice:

    No está mal, pero a mí entender se compara demasiado el liberalismo con el anarquismo cuando el liberalismo es peor que el propio socialismo autoritario. Además el consumo responsable solo es un “brindis al sol”, a veces me pregunto si el reciclaje que hago sirve para algo o es pura pantomima mientras las cosas se fabrican para romperse a los 4 días y las empresas solo piensan en producir y crecer más sin pararse en algún momento.

    • Teresa Amor dice:

      Gracias por tu comentario. Se compara porque uno y otro -en teoría, ojo, que luego muchos “liberales” viven del Estado y sus presupuestos- tienen al individuo como centro del sistema económico y político. El liberalismo en mi opinión hace eso desde una posición moralmente “peor” porque el anarquismo habla de “solidaridad” y el liberalismo, de un “egoísmo” natural cuyo efecto colateral es supuestamente el progreso y el desarrollo de las personas y las sociedades. Que las cosas se fabriquen para que duren poco está muy estudiado y no era objeto de este post, pero sí lo es que en gran medida, como compradores de cosas, decidamos de forma responsable qué compramos y por qué. Quizá así, millones de actos pequeños, insignificantes si se consideran individualmente, consigan cambiar las cosas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: