Los malos del ébola

Virus del ébola (Foto: NIAID)

Como en toda película, con el ébola ya tenemos una lista de héroes y villanos. Claro que, según los públicos, los papeles son unos u otros, se reparten de manera diferente. Entre los villanos que han salido a relucir en los últimos días está la industria farmacéutica. El pasado domingo, en el programa El Objetivo, era entrevistado José Antonio López Guerrero (minuto 14 aprox.), virólogo del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (CSIC-UAM). De manera en principio inocente, el entrevistador le preguntaba si la industria farmacéutica (uno de los villanos habituales) había invertido lo suficiente para parar una epidemia que comenzó a causar estragos en África hace años. López Guerrero contestó que “aunque se dice que uno sólo se acuerda de Santa Bárbara cuando truena, en este caso no es cierto, porque fármacos como el Zmapp y otros están ya pidiendo entrar en fase clínica, y llevan años de investigación”. “Las vacunas igual“, añadió, “llevan años investigándose”. Sin embargo, sí reconoció que “si los focos de infección hubieran sido occidentales desde el principio, habría habido más inversión en investigación”.

En esta ocasión, como tantas cosas en la vida, nada es blanco ni negro del todo. Es cierto que las enfermedades típicas de países subdesarrollados (malaria, cólera, ébola), las “enfermedades de pobres”, han sufrido siempre de lo mismo que las enfermedades denominadas “raras”: no son “rentables” y se supone que por eso el sector farmacéutico no les presta mayor atención. Mientras tanto, fármacos como la Viagra han rentabilizado más que de sobra los esfuerzos invertidos en su investigación. Sin embargo, enfermedades también del primer mundo, benignas como al alopecia o el vitíligo, o terribles como el cáncer o el Alzheimer, siguen sin remedio y se habla muchas veces de la falta de fondos (públicos, pero también privados) para investigación.

Segunda cuestión. Sin mirar: ¿alguien sabría decirme qué laboratorio ha fabricado el Zmapp? ¿Qué farmacéutica trabaja en ello? ¿Qué pasaría si alguna de estas industrias hubiera intentado colar su nombre en los informativos de todo el mundo para decir que están desarrollando un fármaco contra una enfermedad fatal? ¿Se habrían producido impactos positivos para su imagen, o se les habría acusado de querer rentabilizar informativamente una inversión que sólo ha dado el paso a la fase clínica cuando el ébola ha salido de África?

En esta escueta información, Mapp Biopharmaceutical, Inc., señala que el ZMapp es el resultado de su colaboración con LeafBio en San Diego, California (comercializadora) y la fabricante canadiense de vacunas y antivirales Defyrus Inc., con ayuda del sector público: el gobierno de EEUU (de hecho, el ejército norteamericano parece haberse quedado con buena parte de las existencias de ZMapp) y la Agencia Pública de Salud de Canadá. Las existencias del suero están agotadas, por cierto.

Una última pregunta: ¿tendríamos ZMapp sin sector público que apoyara -con impuestos- la investigación?

A mí todo esto me lleva a tres conclusiones:

  1. que ningún gran laboratorio ha invertido en el ébola, quizá porque no pensaban que podrían rentabilizar el esfuerzo, perdiendo así la oportunidad de haber dado con un remedio, y de obtener impactos positivos en los medios para sí y para el sector en general. Yo estaría ya mirando los casos de dengue detectados en Japón y Croacia, y otras enfermedades tropicales que cambiarán de latitud por el cambio climático.
  2. que los malos de siempre tendrían que hacer un esfuerzo en comunicación para dejar de ser los malos siempre. Un esfuerzo en investigación que no se comunica bien es una oportunidad perdida para cambiar la imagen que la sociedad tiene de una marca y de un sector. En este caso, el farmacéutico. La transparencia ayudaría mucho.
  3. que sin sector público, aquí o en países tan liberales como Canadá o EEUU, muchas cosas esenciales no existirían: entre ellas, el suero experimental que dará una oportunidad a la enfermera española Teresa Romero, primera víctima del ébola contagiada fuera de África. La cooperación entre lo público y lo privado, como la cooperación entre países desarrollados y en vías de desarrollo, es más necesaria que nunca.

También voy a recoger una crítica (autocrítica) hacia los medios de comunicación, a los que el ébola les ha dado igual durante décadas. Lo denunciaba Gervasio Sánchez en su cuenta de Twitter este fin de semana.

En qué medida el público es también responsable de esa falta de atención lo tienen en las portadas de los agregadores que, supuestamente, se hacen con las noticias más votadas. Que ya no son los directores de periódicos los únicos que deciden qué va en primera plana.

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