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Cómo evitar que te hagan un Blas de Lezo

La tentación era grande. Dar el nombre de un almirante español a un barco de la armada británica es la típica cosa que puede ponerle los dientes largos a cualquier español que  alardee de patriota.

Pero por dios, que no vengan por barlovento.

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“Ahí vienen. Por barlovento”1, debieron decir los ingleses cuando vieron a miles de usuarios de Forocoches troleando todos a una la web en la que la Royal Navy (en el momento de publicar esto, lleva horas hundida) proponía a los ciudadanos que votaran el mejor nombre para bautizar a un nuevo navío de investigación polar.

Básicamente, los forococheros han propuesto (y votado masivamente hasta llevarlo hasta el segundo puesto) el nombre de Blas de Lezo para este barco que estudiará los mares helados de los polos. Blas de Lezo fue, según ABC, un “almirante español cojo, tuerto y manco” que humilló a los ingleses en 1741, en la defensa de Cartagena de Indias.

Pero lo peor no ha sido el troleo a cuenta del marino vasco, apodado “mediohombre”, sino que un montón de gente ha propuesto nombres horribles y vergonzosos para ese barco, y el riesgo es que alguna idiotez llegue a ser la más votada. Así que la Royal Navy, una vez que ha visto las dimensiones de la crisis, ya ha dicho que sí, que voten ustedes lo que quieran pero que será el jefe del Consejo de Investigación de Medio Ambiente británico el que elija el nombre a lo Pérez-Reverte: como me dé la gana.

No hacía falta votar entonces, ni abrir una web específica, ni gasto alguno de esa índole. Se bautiza al barco en la intimidad y ya está. Pero no, ahora queremos dar visibilidad a lo que hacemos, y para ello es preciso contar con el cariño del público que a su vez necesita de la participación para sentirse querido, involucrado. El público lo que tiene es que a veces sale cabroncete… y además es global, así que puedes encontrate con troleos como el que nos ocupa. Y peores.

Durante el tiempo que estuve en Sepes, se decidió que una de las actuaciones urbanísticas residenciales en el suelo de un viejo cuartel no debería llevar el nombre de “cuartel de”, porque era eso: cuartelero. Sonaba belicoso, cerrado y hostil. Olía a zotal, a posguerra y a frío. Y aquello iba camino de ser un barrio con vida civil que merecía un nombre civil. Abrimos un concurso en Facebook para dar nombre al barrio. El nombre del barrio se elegiría sin trampa ni cartón: lo votarían sus futuros vecinos. Pero estaba muy fresco lo de John Cobra y Chikilicuatre,y tomamos una elemental precaución. Redactamos unas bases que fijaban dos etapas de concurso. Primera, recogería nombres por propuesta libre, pero eso sí, motivada: cada propuesta había de llevar una breve explicación sobre por qué ese nombre para ese barrio. Y de entre todas las propuestas, un jurado de Sepes elegiría las diez con mejor encaje en función de criterios que estaban especificados en las propias bases. La segunda fase sería someter esas diez propuestas a la votación democrática de todos los que quisieran participar. Y así se hizo.

Creo que es una solución sencilla, transparente y justa de convocar a la participación, hacer sentir a tu público comprometido con algo, y evitar que haya propuestas inadmisibles y soeces que te obliguen a recordar que el barco es tuyo y lo llamas como te da la gana. También impides que alguien más ingenioso que tú haga famoso a un marino cuya victoria casi nadie en este siglo recordaba, y vuelva a mojarte la oreja 275 años después.

Ahora sólo queda ver si, caso de ser Blas de Lezo el nombre más votado, la famosa flema británica admitiría con elegancia la victoria y daría el nombre de este militar a uno de sus barcos. Podrían dar así muestra de elegancia en la derrota y de paso recordar al mundo que se puede ser cojo, tuerto y manco y sin embargo tener lo que haga falta para asombrarnos a todos.

Por cierto, hablando de asombrar, aprovecho para dejar aquí el enorme corto de Javier Fesser y Teresa Perales. Me ha encantado. Esta mujer sí que es asombrosa.

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1 Esto sólo lo van a entender los que hayan leído Cabo Trafalgar, de Arturo Pérez-Reverte. Que por cierto estos días anda muy revolucionado retando a duelo a algunos tuiteros. Yo reconozco que no comparto muchas de sus opiniones, muchísimas diría yo. Pero si he de discutir con él, mejor en el bar de Lola que en Twitter, donde uno nunca cambia de opinión, al contrario: tiende uno a atrincherarse.

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Stunt content. #concepto

IMG_20150223_102003Imagina que un periodista se infiltra como empleado en tu organización, y observa todas tus flaquezas, debilidades, incoherencias, que habla con tus empleados cabreados en la cocina, en la máquina del café, y ve cómo fallas por dentro. Aplica su saber y su ética a contar las cosas sin revelar fuentes.

Imagina que un periodista se hace pasar por cliente tuyo y observa cómo atiendes a tus clientes, cómo desoyes sus demandas, sus necesidades. Imagina que ese periodista escribe un dossier completo sobre su experiencia, sin piedad.

Imagina ahora que ese periodista trabaja para ti.

Mira todo lo que está dándote para prevenir crisis, para mejorar tus procesos, para saber qué dicen de ti tus empleados, tus proveedores, tus clientes. Pero además, está obteniendo material para escribir un blog, descubriendo proyectos interesantes que sólo son posibles gracias al periodismo interno, a la búsqueda de historias interesantes dentro de tu organización para contar a la sociedad qué haces y cómo lo haces; te está ofreciendo material para un branded content de interés para clientes y demás stakeholders; te está dando contenido para mejorar. [Si no quieres que tu empresa mejore, puedes dejar de leer].

Aquí vengo a vender un concepto, lo que yo llamaría stunt content: la suma o mezcla, o remezcla, de una fórmula de éxito seguro y probado: el stunt journalism, o “periodismo de inmersión” nacido a finales del XIX pero que era el que hacía Josefina Carabias (fue un género periodístico muy de mujeres) y el que luego (re)inventaron los del Nuevo Periodismo americano, y el branded content que se vende ahora como la fórmula de contar cosas desde las marcas para llegar a un cliente que pasa bastante de la publicidad.

Ese trabajo sólo puede hacerlo un periodista con criterio. Que sepa cómo contar lo interesante, y cómo detectar lo que interesa fuera de tu casa, para contarlo. Un periodista que haya pasado el suficiente tiempo en los medios como para saber qué contaría de ti si quisiera hacerte daño, y qué es lo que verdaderamente debes contar si quieres ser noticia sin parecer una nota de prensa. Los despidos en medios de comunicación están llenando de profesionales así las listas del paro. ¿A qué estáis esperando los departamentos de comunicación de las empresas? ¿A que lo haga Coca-Cola, o Deloitte, o L’Oreal? Sed los primeros. Dad dos veces.

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Liberté… ¿de qué?

charliehebdoLos atentados contra Charlie Hebdo del pasado día 7 fueron un duro golpe para toda Francia y, en menor medida, para el resto de los países que comparten su concepto y definición de democracia. Es cierto que, como crisis, no se ha gestionado mal: el gobierno ha actuado, se ha homenajeado a los muertos, la policía ha matado a los malos, los supervivientes han liderado la información, han hablado, han llorado, han sido coherentes con su estilo y, como los hechos estaban de su lado, no han tenido que mentir, que es donde más riesgo se corre en las crisis. La publicación ha liderado el relato y se ha ganado la solidaridad mundial pese al –a mi juicio- mal gusto del humor que solía utilizar, y ha conseguido que la gente haga cola para comprar prensa en los quioscos. Francia ha emocionado de nuevo urbi et orbe con la Marsellesa como en una reedición hype de la famosa secuencia de Casablanca.

Además, el atentado ha puesto la creatividad de todos los viñetistas, humoristas gráficos y dibujantes de las publicaciones más importantes del mundo al servicio de la causa de la libertad, encarnada en Charlie Hebdo, y ha puesto –merced a la desgracia- su nombre en la mente de muchos que ni siquiera conocían la existencia de esta publicación satírica. Logrando así algo que, quien primero publicó las caricaturas de Mahoma, no ha conseguido jamás: el conocimiento universal y abanderar un hashtag con millones de tuits, aunque se haya quedado lejos de ser uno de los más utilizados de la historia.

La libertad de expresión se ha convertido en el valor atacado por los salafistas, la madre democracia ha dicho que la libertad de expresión es la más importante de todas sus libertades y ha salido a defenderla. Han salido los lideres a la calle (lejos de la chusma, eso sí) a decir que la democracia es fuerte y puede con todos los yihadistas locos del mundo, pero a mí me ha dejado, como a muchos, un cierto regusto amargo ver ahí a quienes representan un poder político que no duda en laminar la libertad de expresión para conseguir unos minutos o unos centímetros cuadrados de propaganda gratuita en nuestros medios.

Lo ha dicho ya mucha gente: este sector, el del periodismo, en el que trabajé y del que soñaba con vivir, está medio muerto en parte porque no hizo lo que debía hacer, molestar. Molestar al poder político y económico poniendo sus vergüenzas al aire no por gusto, sino para que mejoraran la gestión política y económica de nuestras sociedades. Molestar con preguntas, con datos, con evidencias, con denuncias y con sentido del deber profesional, de la ética. De la responsabilidad. Especialmente donde más difícil es hacer eso: a nivel local. Es relativamente fácil ser The Economist y poner a parir al gobierno de Arabia Saudí. Pero si vives en una ciudad de provincias y tu medio es local, agárrate como te metas con las fuerzas vivas.

chiste_diarioesUn día, hace muchos años, pero cuando ya los gobiernos no podían cerrar medios porque estaba feo, llegó al periodismo la publicidad con apoyo redaccional y ahí se fue todo a la mierda. Porque después de eso, vino el mensaje de “si publicas eso, olvídate de la publicidad institucional”, o “retiro la campaña de tal producto”. Y entonces los medios pasaron por el aro de su propia desaparición.

Así seguimos. Lamiéndonos las heridas que nos dejó lo que creíamos como sector nuestro gran amor y braguetazo, cuando realmente era un agente doble que nunca había trabajado para nosotros y siempre estuvo de parte del enemigo y de sí mismo. La libertad de expresión no morirá nunca a balazos de Kalashnikov, sino a golpe de talonario.

P.D.: Casi nadie recuerda la primera víctima francesa de las viñetas de Mahoma, el director de France-Soir despedido por reproducirlas, en 2006, despido que contó con el apoyo del Gobierno francés. Todos callaron entonces porque sólo fue despedido. Como si despedir periodistas no fuera malo para la libertad de expresión.

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