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La Navidad de los niños huérfanos

 

Feliz2016Estos días entrañables en los que todos esperamos y envolvemos regalos y adornamos las casas y las mesas, y celebramos y brindamos, no puedo dejar de pensar en las familias donde este año falta la madre porque la ha matado el padre, el marido, el ex marido, el novio, el que sea. Pienso en esos hijos, huérfanos de repente sin haber podido hacer nada, culpándose ya para siempre de no haberse interpuesto para salvar a la que lo daba todo, a la que más querían.

Me hacen llorar sus infantiles caras pensativas en Nochebuena, preguntándose qué celebran, dónde está su madre, qué estaría haciendo ahora si estuviera viva. Aún sólo intuyen pero no saben expresar la contradicción que les provoca celebrar esa glorificación de la familia heteronormativa y tradicional, la familia por defecto, la que reproducimos con mayor o menor éxito la inmensa mayoría de nosotros. Esa familia en la que ellos ya no vivirán más, en la que quizá nunca vivieron. Porque en las familias felices de los demás no se oyen gritos ni se esgrimen cuchillos ni martillos, ni restallan cinturones.

Pienso que en estos días muchas mujeres pondrán la sonrisa en la cena y brindarán pensando que quizá las cosas cambien, que otro año ha llegado viva a la Nochebuena y que quizá llegue viva también a la del año que viene.

Intento imaginar la tensión en esos hogares cuando en las noticias de la tele se escuchan los llantos de amigos y familiares de las mujeres asesinadas. Me pregunto si esas mujeres que aún viven (¿viven?) en una pesadilla de abusos y silencios se verán reflejadas ahí, en esas noticias. Intento imaginar esa sala de estar en la que almuerzan el futuro asesino y su víctima como si no pasara nada, y el aire se puede cortar, pesa como el plomo mientras él cambia de canal y ella piensa que cualquier día les tocará a sus vecinas salir llorando en la tele y contar lo buena persona que era, lo feliz que se la veía con sus niños, que lo eran todo para ella, que lo daba todo por ellos.

Quiero pensar que un puñado de esas mujeres no morirá en 2016 y logrará salir de ese infierno. Quiero pensar que los gritos traspasarán las paredes y los vecinos tendrán, tendremos valor para parar al maltratador y denunciarlo. Que las administraciones públicas se ocuparán de dar cobijo a las víctimas antes de que sea tarde, que los jueces y las juezas tendrán ojos para ver y oídos para escuchar. Que en las escuelas se enseñará a identificar patrones de conducta manipuladores, machistas y autoritarios. Que las niñas aprenderán a ser ciudadanas antes que mujeres. Que somos personas, todos y todas.

Pero sé que otro puñado de mujeres no lo logrará. Morirán asesinadas, quizá no puedan siquiera evitar morir delante de sus hijos y de sus hijas, ni ese último pudor se les respetará. Encontrarán el descanso, eso sí, quiero pensar que sí. Pero yo volveré a acordarme de todas ellas la próxima Navidad.

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Un cementerio español sólo para soldados alemanes

Nunca en mi vida he hecho un viaje en balde. Siempre descubro algo, los viajes me construyen. Como los libros. El pasado fin de semana estuve en Cáceres. Fui para una matanza y para comprar pimentón, y descubrí que en Cuacos de Yuste, hay un cementerio alemán. Es un pequeño cementerio, discreto y casi escondido, en la carretera que une la población con el monasterio donde Carlos V decidió retirarse en sus últimos días. Aquí están enterrados 26 soldados alemanes de la primera guerra mundial y 154 de la segunda. Pasaban por aquí, unos en avión y otros en barcos o submarinos. Unos aparecieron en las costas, náufragos gravemente heridos o muertos; y otros en tierra firme, pilotos de avión, caídos de una guerra que no era la nuestra. La mayoría de ellos tiene 20 o 22 años. Hay uno de 42 años. Ingeniero. Por la fecha de la lápida, alguno murió un año después de terminada su guerra, y uno piensa si resultaría herido y falleció tras un año de dolorosa agonía en algún hospital español de aquella época, solo y lejos, sin gloria y quizá sin memoria. Rodeado de moscas y de monjas.

Esta foto la hizo mi hijo Juanjo (13 años)

Es aquí, entre robles y olivos, donde esos muertos tienen ahora su última y digna morada. En los años ochenta, se decidió reunir en este lugar a esos soldados que habían sido enterrados hacía décadas en distintos lugares de España. Este es uno de los más de 800 cementerios que cuida la Organización Alemana para la Conservación de Cementerios de los Caídos de Guerra. Se trata de una organización que vive de las cuotas de sus socios y donaciones voluntarias (70%) y de las subvenciones públicas (30%), y como todo lo alemán, está muy bien organizada. Entre otras cosas, se dedican a investigar dónde quedan huesos de sus soldados muertos para recuperarlos y darles un enterramiento digno.

En su web explican, entre otras cosas, que los cementerios pueden ser lugares de reconciliación, de solemnidad y de memoria, pero también lugares utilizados por grupos extremistas para sus manifestaciones políticas. Así que cuentan con actividades para prevenir esas manifestaciones y, sobre todo, advertir a los jóvenes del peligro que suponen esas ideologías. No las nombran, pero se entiende. En el apartado sobre los campamentos de verano (los llaman campos de trabajo, ya tienen humor) explican que en ellos los chavales además de cuidar las tumbas, aprenden historia “por la paz y contra el olvido”.

Vale. Puede parecer un poco extraño, friki si quieren, pero ¿se imaginan un programa similar en España? ¿Aprender de la historia? ¿Reconciliación, educación, prevención del fascismo? ¿Se imaginan buscar en las cunetas sin que un juez tenga que autorizarlo, sino solamente porque los vivos necesitamos enterrar a nuestros muertos con dignidad, desde la noche de los tiempos?

Cuando fui a Berlín, había una exposición sobre la propaganda y la violencia callejera como elementos que auparon al régimen nazi. En ella, había fotos de los principales responsables de aquello, y sólo había un retrato frente al cual no se paraba ningún alemán: el de Hitler. Pasaban de largo, no se detenían a leer sobre él. Es alguien cuya memoria les avergüenza y atormenta. No quieren ni verlo. Spain is different. Spanien ist anders.

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Desde “Estudio Abierto” de Íñigo a “To er mundo e güeno”. Ahora Lab.

La cámara oculta es un recurso televisivo de lo más recurrente. Desde los 70, ha dado enormes éxitos como “To er mundo e güeno” y sus secuelas, de Manuel Summers, y ahora Lab: Tal como somos, el programa de La Sexta que nos muestra las reacciones de ciudadanos corrientes y molientes, expuestos a situaciones que generan controversia, sorpresa o supuestas disyuntivas morales. Para ver cómo somos cuando no sabemos que una cámara nos graba.

Recuerdo un caso que se emitió (calculo) a primeros de los 80 en un programa de José María Íñigo, que por la época debía de ser “Estudio Abierto”. En un momento dado del programa, una sección de “cámara oculta” pretendía dar a conocer cuál era la reacción de los niños de un colegio al ver un goloso dulce a su alcance, intentando demostrar si era o no cierto aquel dicho de “durar menos que un caramelo en la puerta de un colegio”. Íñigo introdujo el reportaje: las cámaras habían captado la reacción de los niños de un colegio público y otro privado.

Se observó cómo los niños de uno y otro centro empezaban dando vueltas a una lustrosa tarta, misteriosamente situada a su alcance en el patio de cada uno de los colegios. Y en ambos casos, reaccionaban igual: daban vueltas, comentaban la misteriosa tarta, especulaban con el motivo por el cual aquel manjar estaba allí… “Igual es el cumpleaños de la directora”, se oía decir. Hasta que al final, los espectadores vieron que los niños del colegio público se lanzaban a comerse el pastel con las manos, y los del colegio privado no.

Quienes veían ese programa habiendo estado en el colegio privado el día del experimento se sorprendieron enormemente. Porque en el colegio privado (de monjas, entonces sólo de niñas, del barrio de Salamanca) la cosa había terminado igual: las crías, al cabo de un rato dándole vueltas a la tarta, se la habían empezado a comer con las manos, como es lógico y natural. Reaccionaron igual que los niños del colegio público.

Lo sé porque yo era una de las niñas del colegio de monjas. Y una de las que dio vueltas a la tarta, y una de las que comió de ella golosamente, con los dedos.

Con el uniforme del colegio, a los ocho o nueve años.

Cuando se emitió el programa, estábamos viéndolo en casa mi madre y yo. Quizá ella se acuerde aún de esto. Cuando vimos cómo el programa no contaba la verdad, y evitaba mostrar que las niñas bien del colegio de pago hacíamos exactamente lo mismo que los niños del colegio público, no daba crédito y salté, enfadadísima: “¡Mamá, pero si nosotras hicimos lo mismo!”

Muchas veces me he preguntado qué llevó a hacer ese montaje del programa: ¿tenían una idea y, como la realidad la desmintió, decidieron seguir con el el guión previsto? ¿Había alguna indicación editorial al respecto, con el fin de reforzar la opinión de que los colegios privados eran mejores que los públicos?

No sé. Pero yo nunca más confié en la televisión. Y menos cuando dice hacer “experimentos sociales” que, en el fondo, persiguen reforzar el pensamiento dominante. O el que convenga.

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La UIMP deja fuera de su programa de becas a los mayores de 40 años

ImagenLa Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) no becará a ningún mayor de 40 años en sus cursos de verano. Creo que por primera vez en su historia. Yo siempre he querido ir a Santander a esos cursos de verano, pero el trabajo o la crianza de los niños me lo han impedido. Este año puedo ir, y ya que no está la economía familiar para tirar cohetes pero mi expediente académico sí, y podría permitirme al menos estar ahí compitiendo con otras personas por obtener una de esas becas, busqué los requisitos para solicitar una de las ayudas que ofrecen cada año.

Pero tengo 42 años. Y por lo que se ve en la imagen de arriba, estoy vieja para ser becaria.

Es verdad que el artículo 14 de la Constitución dice que “los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”, y que no dice nada de la edad (aunque sí habla de nacimiento, que podría servirnos para el caso). Pero supongamos que en lugar de la edad, la UIMP hubiera elegido otro criterio para dejar a algún colectivo fuera de esa convocatoria. Imaginemos que hubieran decidido que no podrían optar a las becas aquellas personas que fueran rubias. O zurdas. O vascas. O del Atleti. ¿Lo verían normal? ¿Sería constitucional? ¿Qué motivos hay para dejar fuera a los mayores de 40 años?

He comprobado que anteriores convocatorias, al menos las de los últimos cinco años, no incluyen semejante criterio de discriminación. Podéis consultarlas en este enlace.

Parece que este no es país para viejos.
ACTUALIZACIÓN: He llamado a la UIMP con el siguiente resultado:

  • una recepcionista o auxiliar administrativa ha considerado inadmisible el hecho de que los cuarentones quedemos fuera de la convocatoria de becas, y me ha invitado a llamar a Secretaría General a que me den explicaciones;
  • en Secretaría General me dicen que mande un correo, que la secretaria general lo contesta todo aunque hoy empiezan los cursos y está todo el mundo muy ocupado. En cuanto conteste alguien, os lo cuento.
  • he presentado una queja sobre esto al Defensor del Pueblo. Ya, no os riáis.
  • según he podido comprobar aquí, aunque la Constitución Española no hable de la edad como elemento que no puede ser motivo de discriminación, la Carta de los Derechos Universales de la UE sí lo recoge (gracias por el apunte, Ramón Ordiales), como podéis ver:
Artículo 21 de la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE

Artículo 21 de la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE

 

 

 

 

NUEVA ACTUALIZACIÓN (20-6-13): La web de noticias Cuarto Poder se hace eco aquí de este asunto y ofrece información sobre el por qué de la negativa de la UIMP a dar becas a mayores de 40. Lo más relevante de esa información es que nadie dice por qué se ha tomado la decisión de dejar fuera de la convocatoria a un determinado sector de la población.

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