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Tiempos locos es bien

Estoy hablando por el Messenger de Facebook con mi amiga Elisa McCausland, y me ha dado el título para este post. Tiempos locos es bien.

Me refería a la locura de día que ha sido hoy la presentación de Perspectivas wellcomm en el centro de innovación BBVA, con la maravilla de crew que tienen Silvia Albert y Rosa Matías, y con todos los “colaboradores necesarios” en esta obra que he tenido el gusto de coordinar y disfrutar.

Tiempos locos es bien. Hasta hace poco, esa frase mal construida no habría sido entendida, pero las redes están cambiando el lenguaje mucho más a fondo de lo que creemos. No basta con incluir en nuestro vocabulario expresiones como emoticono o tuit. La universalización del uso de estas herramientas está cambiando nuestra forma de escribir, de leer, las frases hechas pueden ser -como en este caso- calcos del inglés o giros que proceden de las redes y que usamos en tono irónico, cómico o festivo. Si el lenguaje hace el pensamiento, cambiar el lenguaje ¿cómo afecta a nuestra percepción y a nuestra forma de ver la vida?

Las redes están cambiando la comunicación a gran velocidad pero también a gran profundidad, como digo. Ya no es que Twitter o Facebook o Instagram vayan a perdurar. Es la lógica que rige todas ellas la que va a perdurar y la que convendría que muchas empresas, organizaciones e instituciones interiorizaran lo antes posible para que no mueran de rigidez.

Ejemplos hay a diario pero hoy me detengo en uno porque es de hoy y es paradigmático: la Consejería de Sanidad de Madrid ha prohibido que en los pasillos de urgencias haya periodistas o políticos, para evitar filtraciones. Más allá de que un periodista o un político puede ser paciente de urgencias en cualquier momento, ¿han pensado que hoy cualquier paciente lleva un móvil con cámara, con grabadora, con redes sociales, y eso le convierte en testigo y medio a la vez?

Llevamos años hablando de transparencia y nos vienen con esas…

Pero es que esa es la realidad. Por eso es a veces tan duro y tan frustrante trabajar en comunicación. Es una profesión magnífica y creativa donde la curiosidad te lleva a leer y aprender cada día lo nuevo, lo último, lo que viene, estás obligado a ir por delante de las tendencias para anticipar estratégicamente a dónde vas a ir, qué elementos debes ir preparando. Y cuando eres el que está en el último berrido, llegas con él a tu organización, a tu empresa, a tu cliente y le muestras el futuro… él o ella no están preparados para la propuesta. Esa es la realidad.

Y esa realidad es la que hemos querido recoger en el Informe de Perspectivas wellcomm de Comunicación 2016. Mi empeño fue hacerlo paritario (que hubiera tantos expertos como expertas), y que mirara la comunicación desde otros puntos de vista: directivos, presidentes, lectores, influencers, clientes, pacientes, responsables de marketing, de RSC, de eventos, de otras áreas, para que nos viéramos a nosotros mismos como nos ven “los otros”.

Así ha salido este informe que no hubiera podido jamás hacer yo sola, y que es el fruto del trabajo y la reflexión de muchas personas. Es una visión poliédrica del estado de la comunicación en 2016, y de las tendencias que quizá lleguen a consolidarse. Querría pensar que esas tendencias encontrarán mentes arriesgadas que las abrazarán y las harán realidad, dándonos ejemplos creativos como este que he visto hoy y que me ha fascinado: En una sola acción, comunicación en vivo, branded content y RSC. Bravo.

Mientras tanto, consejos vendo: compañeros, compañeras, no dejéis que la realidad de instituciones, organizaciones y empresas os desanime u os haga pensar que estar en la avanzadilla es estar equivocados, que aprender nuevas cosas es perder el tiempo. No. Seguid siempre curioseando, no dejéis de investigar qué nueva tendencia puede ser útil para contar mejor y más rápido aquello que tenéis que contar. Siempre puede surgir la oportunidad de ser los primeros en hacer algo, y en todo caso, siempre podréis decir, llegado el momento: “Ya lo decía yo”.

No cabrían ni en mil posts las palabras de agradecimiento que tengo en mi corazón para quienes participaron en este informe wellcomm, para quienes hoy nos acompañaron en la presentación como público y como ponentes, y para quienes (Rosa, Silvia) me dieron la oportunidad de hacer uno de esos informes que, año tras año, he devorado para saber de qué iba a ir mi trabajo. También a los que no pudieron venir pero nos siguieron en streaming o en las redes o simplemente nos tuvieron en cuenta. Gracias, gracias, gracias.

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El hombre de hojalata

Hay tres cuentos que, para mí, son imprescindibles y que sin embargo les leemos poco a los niños y que leemos menos aún de mayores. Uno es Alicia en el país de las maravillas, otro El Principito (enlazo pdf) y el tercero es El Mago de Oz. Todos precisan una relectura adulta, por supuesto. Demasiado ricos en símbolos y poesía.

En El Mago de Oz, la pequeña Dorita recorre el camino de baldosas amarillas para llegar a la Ciudad Esmeralda, donde vive un mago que puede hacer que se cumplan sus deseos. Por el camino, se encuentra a un espantapájaros que quiere un cerebro inteligente; a un hombre de hojalata que pide un corazón; y a un león, que pide el valor y el coraje que no tiene. En el cuento, los cuatro consiguen llegar a la Ciudad Esmeralda donde el mago les encomienda peligrosas misiones, en las que los tres personajes secundarios logran demostrar que sí, que tenían cerebro, corazón y valor suficientes.

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Pedro Sánchez era para muchos un hombre de hojalata (“cartón-Pedro” le bautizaron en alguna redacción), un hombre con apostura pero sin valor; e incluso a veces, parecía sólo una sonrisa sin nada más detrás, en la sesera.

Veo desde hace semanas a Pedro Sánchez recorriendo el camino de baldosas amarillas que va de la Zarzuela a Moncloa pasando por la carrera de San Jerónimo, y veo que por el camino va ganando, no en apostura, que eso era ya difícil porque la verdad, es un guapo muy de libro (y lo sabe); sino en valor, en corazón y en inteligencia.

Valor para jugárselo todo a la carta de una investidura que es un triple salto mortal sin red sobre una piscina llena de ti-barones.

Corazón para dejar de ser ese hombre de sonrisa inefable y voz impostada (como bromeaba una amiga, “cuánto daño ha hecho el instituto Jaime Vera”) a quien era imposible creer por pluscuamperfecto.

Y la inteligencia para gestionar una situación en la que los demás sólo vemos sus posibilidades de perder o perder, perder contra los suyos o perder contra los otros.

La protagonista del cuento, Dorita, no consiguió hacer realidad sus deseos, como sí hicieron el espantapájaros, el león y el hombre de hojalata. Pero se tiró tras su perro desde un globo y se salvó de morir pensando muy fuerte que en ningún sitio se está como en casa.

Así, con un salto al vacío, logró su objetivo.

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La Navidad de los niños huérfanos

 

Feliz2016Estos días entrañables en los que todos esperamos y envolvemos regalos y adornamos las casas y las mesas, y celebramos y brindamos, no puedo dejar de pensar en las familias donde este año falta la madre porque la ha matado el padre, el marido, el ex marido, el novio, el que sea. Pienso en esos hijos, huérfanos de repente sin haber podido hacer nada, culpándose ya para siempre de no haberse interpuesto para salvar a la que lo daba todo, a la que más querían.

Me hacen llorar sus infantiles caras pensativas en Nochebuena, preguntándose qué celebran, dónde está su madre, qué estaría haciendo ahora si estuviera viva. Aún sólo intuyen pero no saben expresar la contradicción que les provoca celebrar esa glorificación de la familia heteronormativa y tradicional, la familia por defecto, la que reproducimos con mayor o menor éxito la inmensa mayoría de nosotros. Esa familia en la que ellos ya no vivirán más, en la que quizá nunca vivieron. Porque en las familias felices de los demás no se oyen gritos ni se esgrimen cuchillos ni martillos, ni restallan cinturones.

Pienso que en estos días muchas mujeres pondrán la sonrisa en la cena y brindarán pensando que quizá las cosas cambien, que otro año ha llegado viva a la Nochebuena y que quizá llegue viva también a la del año que viene.

Intento imaginar la tensión en esos hogares cuando en las noticias de la tele se escuchan los llantos de amigos y familiares de las mujeres asesinadas. Me pregunto si esas mujeres que aún viven (¿viven?) en una pesadilla de abusos y silencios se verán reflejadas ahí, en esas noticias. Intento imaginar esa sala de estar en la que almuerzan el futuro asesino y su víctima como si no pasara nada, y el aire se puede cortar, pesa como el plomo mientras él cambia de canal y ella piensa que cualquier día les tocará a sus vecinas salir llorando en la tele y contar lo buena persona que era, lo feliz que se la veía con sus niños, que lo eran todo para ella, que lo daba todo por ellos.

Quiero pensar que un puñado de esas mujeres no morirá en 2016 y logrará salir de ese infierno. Quiero pensar que los gritos traspasarán las paredes y los vecinos tendrán, tendremos valor para parar al maltratador y denunciarlo. Que las administraciones públicas se ocuparán de dar cobijo a las víctimas antes de que sea tarde, que los jueces y las juezas tendrán ojos para ver y oídos para escuchar. Que en las escuelas se enseñará a identificar patrones de conducta manipuladores, machistas y autoritarios. Que las niñas aprenderán a ser ciudadanas antes que mujeres. Que somos personas, todos y todas.

Pero sé que otro puñado de mujeres no lo logrará. Morirán asesinadas, quizá no puedan siquiera evitar morir delante de sus hijos y de sus hijas, ni ese último pudor se les respetará. Encontrarán el descanso, eso sí, quiero pensar que sí. Pero yo volveré a acordarme de todas ellas la próxima Navidad.

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¿Somos todos anarquistas?

 

Hace bastante que encontré un vídeo sobre el anarquismo en la web de RTVE, un debate televisado que se parece a los actuales lo mismo que un Commodore 64 a un iPad.

En ese debate, una venerable y enérgica ancianita llamada Federica Montseny explicaba qué era el anarquismo y cuáles eran las características del anarquismo en España. Rebatía a aquellos que opinaban que el anarquismo español se limitaba a la CNT y otros sindicatos, cuando en realidad, a su juicio, el anarquismo español hundía sus raíces ideológicas nada menos que en Cervantes y en la Edad Media. Son cuatro minutos deliciosos.

Aparte de que el anarquismo es para Montseny (ya en 1982) la última esperanza del socialismo (fracasado como socialdemocracia en Europa y como totalitarismo en la URSS), me interesa destacar su visión del individuo como ser responsable, capaz por sí solo de gobernarse, de procurarse su medio de vida si tiene acceso a los medios de producción. Pone al ser humano sobre todas las demás cosas, al individuo sobre el Estado y la solidaridad como valor para equilibrar las desigualdades.

El liberalismo de verdad (no el que busca contratos del Estado, delinquiendo si es preciso) pide también la supresión de la injerencia estatal en las relaciones económicas, y pone al individuo sobre todas las cosas confiando en su capacidad para, libre de ataduras y reglamentos, regularse por sí mismo y conseguir generar riqueza y prosperidad. Carece de un valor concreto para equilibrar las desigualdades pues, en un mercado ideal y completamente desregulado, la teoría liberal dice que todos seremos suficientemente ricos para vivir bien.

Lamentablemente, igual que el socialismo de Estado siempre fracasa en la producción y los liberales le acusan de “repartir equitativamente la pobreza”, el capitalismo fracasa en la distribución, y ninguna de las dos opciones ha sabido llevar a buen puerto sus teorías cuando ha tenido ocasión de ponerlas en práctica.

Un discurso viejo en un contexto nuevo
Esto que parece un discurso viejo, viejísimo, decimonónico casi, me interesa como contexto histórico para algo que he tenido ocasión de conocer hace pocos días y por motivos profesionales. Se trata de la economía colaborativa, en la que el individuo decide gestionar sus bienes de manera que los convierte en medios de producción para procurarse unos ingresos que de otra manera no obtendría, reduciendo de paso la emisión de gases contaminantes y otros desechos que amenazan con cambiar nuestro planeta para siempre, y para mal.

Estas nuevas fórmulas ponen de nuevo a la persona en el centro de la economía. El valor por el que se moderan estas relaciones es el de la confianza entre iguales, entre pares. Y están sacudiendo los cimientos de la economía de mercado.

Pienso que este nuevo liberalismo tiene mucho que ver con el anarquismo de la autogestión, y puesto que ambas ideologías reniegan del Estado, encontrarán muy interesante el hecho de que los Estados estén perdiendo la capacidad real de regular las relaciones humanas (económicas y de cualquier otro tipo). Mientras tanto, y para satisfacción de los liberales, las compañías, las multinacionales, sí están ahora capacitadas no sólo para impulsar cambios normativos que las benefician (vía lobbying), sino para usar todo su poder transnacional y provocar cambios, lo que las convierte en entes con enorme responsabilidad en el futuro del planeta. Se les pedirán cuentas.

De modo que tenemos, de un lado, a los ciudadanos haciendo de su capa un sayo para procurarse lo que necesitan pasando bastante de las instituciones. Y a las empresas, actuando al margen de los estados a los que superan en capacidad y resolución para llevar a cabo cambios relevantes.

Si los Estados pierden poder, no es menos cierto que los ciudadanos hemos perdido poder como tales y lo estamos empezando a ejercer como clientes dando a nuestras decisiones de compra un valor de voto.

Datos de la última encuesta del CIS

Datos de la última encuesta del CIS

 

Además de ejercer nuestro derecho al voto en cada decisión de compra (el lado oscuro de esto es que sólo puede ejercer ese voto quien tiene dinero para comprar), optamos por modelos de economía colaborativa que nos convierten en productores de bienes y servicios, y nos alejan de intermediarios que hasta ahora (pienso en las grandes empresas de distribución) se repartían un mercado infantilizado y pusilánime que se limitaba a pasar por los lineales del supermercado cogiendo cosas sin ton ni son, de manera maquinal y poco reflexiva. Poco humana.

Todo esto me hace pensar si no estamos ante la necesidad de un nuevo humanismo (el anarquismo, el liberalismo… eran humanistas en su concepción) que vuelva a colocar a la persona, a todas las personas, en el centro de las acciones colectivas e individuales, de forma que el mundo sea capaz de organizarse para que todos compartamos un nivel similar de bienestar. Y no pienso sólo en el ser humano de occidente, sino en todos los millones de desheredados de la tierra. Como decía el presidente uruguayo José Múgica en una reciente entrevista en TV, “los negros de África no son de África, son nuestros: tenemos que empezar a pensar como especie”.

 

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La zona VIP: el otro lado

Mesa tipo del pabellón París Detalle de la mesa tipo Sushi Mil y una cocinas. Dulces Carving Station Kiosco de tapas Zona Quesos Franceses Zona gastro Sol y sombra Gente VIP Gente VIP Puros gratis, con recomendación para maridar Zona Chivas (muy celebrado, el rebujito de Chivas con lima) Terraza con la caja al fondo. Animación en la zona exterior VIP Amenas zonas de sombra. Aspecto exterior de la zona VIP, junto al lago. Gloriosa errata que encantará a los tudelanos

Parece que ha habido cierto interés con este post mío de hace un año; en gran medida, gracias al retuit de Antonio Martínez Ron, indignado como yo por cómo se gestionan los eventos deportivos en España. No digo que en otros países se haga mejor o peor, que no lo sé. Pero sí creo que aquí no se hace bien, y si fuera se hace igual, podríamos empezar a cambiar las cosas. Quizá nos imitaran.
Bien, yo este año he estado en la zona VIP (de gorra, claro) y sin ningún complejo, porque considero más que pagada mi entrada a las compañías eléctricas, las aseguradoras, las telecos, etc. que compran a la organización del Máster un palco VIP para sus compromisos. Yo era uno de esos compromisos, y pensé que documentar lo que hay al otro lado de la barrera para los VIP era buena manera de devolver el favor a quienes han pagado por muy diversas vías (impuestos, déficit de tarifa, etc.) mi almuerzo del día 2 de mayo.

Bien, como podéis ver, la zona VIP tiene una terraza en la que puedes degustar de manera completamente gratuita diversas bebidas, comidas y hasta puros. Sin límite. Hay zonas de sombra, espacios amables a la orilla del lago de la Caja Mágica, y barra libre de casi todo lo que se os ocurra. Abrió sobre la una de la tarde y estuvo abierta todo el día. Algo después se abrió la zona de restaurantes. Los pabellones restaurante, con nombres de ciudades tenísticas (París, Londres, Melbourne,…), tenían dos pisos y estaban comunicados por dentro, de forma que aunque tuvieras mesa en el pabellón París, podías ir a por un plato de la barbacoa de Melbourne y traértelo a la mesa. Era un paseo y llegaba todo frío, pero aún así a veces merecía la pena.

Lo malo de esos espacios es que no tenían ventanas y resultaban un tanto oscuros y claustrofóbicos, sobre todo en comparación con la terraza. Me habían ponderado mucho la comida pero realmente no era para tanto, aunque comparada con la comida-basura a la que tienen acceso los asistentes no-vip, resultaba ser gloria bendita.

Aquí tenéis dos enlaces sobre la zona VIP, una de El Confidencial y otra, con vídeo, en La Sexta.

Con respecto a cómo la Caja Mágica debería cambiar su enfoque y abrirse un poco más al barrio en el que está, creando verdadero ambiente y no sólo problemas de aparcamiento durante los eventos, creo que voy a contestar aquí a algunos comentarios recibidos en mi post del año pasado. Yo no pretendo que se permita entrar y salir sin control al evento, sino que puedas, con tu entrada, salir y entrar, si te apetece, para comer fuera. En tu casa o en los bares de San Fermín, que te ponen tapa con la caña. Lo contrario es muy poco liberal: si tan convencido de que tu oferta de restauración dentro de la Caja es tan buena, ¿qué miedo hay a dejar elegir a la gente?

Por cierto. No sé si este año se podía comprar o no Coca Cola dentro del recinto. Pero desde que Schweppes patrocina el magno evento, hasta el último año en fui pagando mi entrada no-VIP, las marcas asociadas a Coca Cola (Fanta, Acuarius, Nestea, etc.) no se servían en la Caja Mágica. Lo cual seguramente no conocían los trabajadores que se manifestaron el día de la final del Máster a las puertas del mismo, por el Camino de Perales. Que, por cierto, es el opuesto al parking de los VIP.

 

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