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Emprecarios

precariado

Hoy no escribo yo. No por falta de ganas, sino porque cuando ya me iba a poner a escribir, ha venido Manuel Dafonte y me ha dado esto. Así que le he invitado a mi blog y estas son sus palabras:

Hace unos días, antes de que WhatsApp pasase a formar parte de Facebook, circulaba por ambas redes un texto que nos avisaba de que vivíamos en momentos extraños. Nos decía que, en España, “la clase trabajadora no tiene trabajo, la clase media no tiene medios y la clase alta no tiene clase”.

Ironías aparte, esta referencia a las clases sociales nos trae a la memoria a Guy Standing y a su libro “El precariado”, un neologismo que explica muy bien la fragmentación social que se ha dado en España en los últimos siete años de crisis. La polarización de la sociedad se ha impuesto definitivamente, dejando en un lado a las plutocracias y oligarquías tradicionales que representan menos del 10% de la población y, en el otro, al más del 90% de los ciudadanos que han visto esfumarse sus ahorros, su protección social y su futuro laboral y que se han tenido que instalar en unas circunstancias de ‘normalidad’ que algunos han definido incluso como “miseria digital”.

Ya no importa tanto el origen o el nivel de formación de las personas. En España, confluyen en esa nueva clase social obreros sin cualificación y licenciados universitarios; autónomos y trabajadores de multinacionales; artistas y funcionarios; hombres y mujeres; jóvenes sin experiencia y mayores de cincuenta con una larga y exitosa trayectoria laboral a sus espaldas. Es un batiburrillo difícil de clasificar, un grupo tan heterogéneo que ni siquiera muchos de sus miembros son conscientes de que pertenecen a esta ‘emergente’ clase social.

A todos les une, sin embargo, la imposibilidad de salir de este averno con techo de cristal blindado que los de ‘arriba’ se encargan cada día de reforzar un poquito más con el fin de que no haya filtraciones hacia sus dominios.

Pero es sin duda la imposibilidad de reponer los pocos recursos de los que van echando mano para sobrevivir (ahorros, patrimonio, amigos, ilusión), el recorte inverosímil de gastos familiares hasta extremos de economía de posguerra y, por último, su inmersión obligada en la fosa abisal de la morosidad lo que, de verdad, les une.

Negación

Es absurdo seguir negándote a ti mismo que estás con todos nosotros en el precariado. Cuanto antes lo asumas antes podremos organizarnos para intentar ayudarnos a vivir en él sin renunciar a convertirlo en algo mejor, e incluso a experimentar con fórmulas que puedan quebrar el vidrio laminado de seguridad transparente que nos aisla, mientras nos permite verla, de esa otra vida: la ‘supervida’.

Si tus gastos son los mínimos posibles y aún así no puedes pagarlos; si tus ingresos son claramente insuficientes para garantizarte una edad de jubilación o para pagar el techo donde has de vivir; desengáñate, eres un precario. “Con escasa estabilidad, seguridad o duración, que carece de los recursos y medios económicos suficientes”. Así te define el diccionario.

Ahora bien, si además tienes un pequeño negocio y estás intentando sobrevivir de él, entonces, enhorabuena, ya eres emprecario, el súmmum del precariado.

Como emprecario, de forma silenciosa, imperceptible, el virus de la precariedad se habrá ido instalando en ti, como la vejez, inexorable pero de ataque pausado y constante, haciéndote creer que a ti no te llegará a afectar nunca ya que, piensas, “sólo tengo que mirar un poco más lejos en mi horizonte vital para alejarlo, total ahora se muere con más de 100”.

Pasará, vendrán tiempos mejores, sólo hay que ser optimistas y ‘apretarse los machos’ ahora. Pasará (gritas), seguro que pasará.

¿Y si fuese esa la clave? Pasar, en el sentido más anglosajón de dejar de estar en este mundo. Muchos emprecarios pensamos que es peor la muerte a plazos que el accidente fatal donde ya no es posible enviar mensajes de despedida pero la liberación es automática.

Somos emprecarios, subclase de un precariado, aferrados a una existencia entre marcas blancas y recuerdos de lo que un día nos pareció el triunfo merecido por tanto esfuerzo. Y tú eres uno de los nuestros porque no hay otro lugar en esta sociedad dual totalmente desequilibrada donde puedas esconderte.

Cuando preguntes a otro autónomo o pequeño empresario: ¿Qué tal? Y te responda con un lacónico: Tirando… habrás descubierto nuestra contraseña, nuestra palabra clave. Vivimos tirando de una pesada carga que no nos deja avanzar: creer que otros tiempos volverán.

¡Jamás! Nunca volveremos a ser los mismos, deberemos aprender a querer esa imagen difusa todavía que el espejo nos devuelve cada mañana y que nos muestra levemente en lo que llegaremos a convertirnos.

Sí, es verdad, fuimos emprendedores, más tarde empresarios, pero ahora nos han transformado en emprecarios, por eso te hago esta pregunta para saber si ya eres de los nuestros: ¿tú también vas tirando?

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Un cementerio español sólo para soldados alemanes

Nunca en mi vida he hecho un viaje en balde. Siempre descubro algo, los viajes me construyen. Como los libros. El pasado fin de semana estuve en Cáceres. Fui para una matanza y para comprar pimentón, y descubrí que en Cuacos de Yuste, hay un cementerio alemán. Es un pequeño cementerio, discreto y casi escondido, en la carretera que une la población con el monasterio donde Carlos V decidió retirarse en sus últimos días. Aquí están enterrados 26 soldados alemanes de la primera guerra mundial y 154 de la segunda. Pasaban por aquí, unos en avión y otros en barcos o submarinos. Unos aparecieron en las costas, náufragos gravemente heridos o muertos; y otros en tierra firme, pilotos de avión, caídos de una guerra que no era la nuestra. La mayoría de ellos tiene 20 o 22 años. Hay uno de 42 años. Ingeniero. Por la fecha de la lápida, alguno murió un año después de terminada su guerra, y uno piensa si resultaría herido y falleció tras un año de dolorosa agonía en algún hospital español de aquella época, solo y lejos, sin gloria y quizá sin memoria. Rodeado de moscas y de monjas.

Esta foto la hizo mi hijo Juanjo (13 años)

Es aquí, entre robles y olivos, donde esos muertos tienen ahora su última y digna morada. En los años ochenta, se decidió reunir en este lugar a esos soldados que habían sido enterrados hacía décadas en distintos lugares de España. Este es uno de los más de 800 cementerios que cuida la Organización Alemana para la Conservación de Cementerios de los Caídos de Guerra. Se trata de una organización que vive de las cuotas de sus socios y donaciones voluntarias (70%) y de las subvenciones públicas (30%), y como todo lo alemán, está muy bien organizada. Entre otras cosas, se dedican a investigar dónde quedan huesos de sus soldados muertos para recuperarlos y darles un enterramiento digno.

En su web explican, entre otras cosas, que los cementerios pueden ser lugares de reconciliación, de solemnidad y de memoria, pero también lugares utilizados por grupos extremistas para sus manifestaciones políticas. Así que cuentan con actividades para prevenir esas manifestaciones y, sobre todo, advertir a los jóvenes del peligro que suponen esas ideologías. No las nombran, pero se entiende. En el apartado sobre los campamentos de verano (los llaman campos de trabajo, ya tienen humor) explican que en ellos los chavales además de cuidar las tumbas, aprenden historia “por la paz y contra el olvido”.

Vale. Puede parecer un poco extraño, friki si quieren, pero ¿se imaginan un programa similar en España? ¿Aprender de la historia? ¿Reconciliación, educación, prevención del fascismo? ¿Se imaginan buscar en las cunetas sin que un juez tenga que autorizarlo, sino solamente porque los vivos necesitamos enterrar a nuestros muertos con dignidad, desde la noche de los tiempos?

Cuando fui a Berlín, había una exposición sobre la propaganda y la violencia callejera como elementos que auparon al régimen nazi. En ella, había fotos de los principales responsables de aquello, y sólo había un retrato frente al cual no se paraba ningún alemán: el de Hitler. Pasaban de largo, no se detenían a leer sobre él. Es alguien cuya memoria les avergüenza y atormenta. No quieren ni verlo. Spain is different. Spanien ist anders.

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El hombre que no pasará a la historia

Se cumplen ahora 50 años del famoso “I have a dream” de Martin Luther King. La historia de esa frase está bastante bien contada aquí y no voy a abundar en ella. En ese discurso, hay algo crucial que nadie ve, pero que llamó la atención de Javier Chivite, quien me dio la idea para este post. Vean al tipo que coloca los micrófonos, son sólo unos segundos (min. 0:58):

video_1

Se trata de un miembro del servicio de orden del Lincoln Memorial, enclave perteneciente a la red de parques nacionales de EEUU.

Este hombre, cuyo nombre e inquietudes desconocemos, coloca los micrófonos de manera que el sonido del discurso de MLK llegue nítido a nuestros oídos. Pero ese guardia no se queda conforme. Motu proprio o por indicación de otra persona, vuelve a actuar: pasados unos minutos, su mano (blanca, zurda y sin embargo con cierta elegante rigidez de saludo marcial) se atraviesa con enorme osadía entre la persona de MLK y los millones de ojos y decenas de cámaras que lo observaban para volver a bajar los micros, que seguían afeando la imagen del líder negro (min. 8:38):

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El resultado es este:

No sé quién le dijo que hiciera lo que hizo. No sé si fue él mismo quien decidió que estaba allí para algo más que para garantizar el orden. Pero para aquellos que aún no saben qué hacemos los profesionales de la comunicación institucional y el protocolo, este guardia explica bastante bien cuál es nuestro trabajo: no estar, no ser vistos, no pasar a la historia, pero que nuestra atención permita que la historia -en la era de la imagen- se escriba completa y sin estorbos. Muchos pensarán que a diario los profesionales no hacemos “historia”, porque solemos organizar actos públicos relativamente anodinos para oradores que ni mucho menos están a la altura de MLK. Pero es cierto que nunca sabes cuándo puedes estar haciendo historia. De hecho, el Washington Post acaba de pedir disculpas porque hace 50 años no supieron ver en el “I have a dream” una frase histórica y se la comieron con patatas.

Por si acaso, siempre tienes que ocuparte de que todo (no sólo el sonido y la imagen: todo) sea perfecto sin que nadie note que tú estabas allí para bajar los micrófonos, para ver que el tiro de cámara era correcto, para que nada estorbe o distraiga de lo esencial. Y tú, profesional de la cosa, debes ser invisible, como ese guardia que ha estado 50 años siendo invisible y al que hoy reivindico.

Por cierto que el guardia aparece en innumerables fotos junto a MLK, no se movió de su lado durante el discurso.

I have a dream

Desconozco quién es o si vive aún, como este otro agente, que hoy rememora para el Washington Post su presencia en el legendario evento.

A nuestro anónimo héroe podéis encontrarlo también en esta imagen de AFP que hemos visto en la colección que ha publicado el diario The Oregonian en su web.

No quiero terminar sin recomendar la información de Bárbara Yuste en Cuarto Poder sobre el proyecto para recuperar y reconocer la enorme repercusión de MLK y su discurso en lo que sería el futuro de la población afroamericana.

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La UIMP deja fuera de su programa de becas a los mayores de 40 años

ImagenLa Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) no becará a ningún mayor de 40 años en sus cursos de verano. Creo que por primera vez en su historia. Yo siempre he querido ir a Santander a esos cursos de verano, pero el trabajo o la crianza de los niños me lo han impedido. Este año puedo ir, y ya que no está la economía familiar para tirar cohetes pero mi expediente académico sí, y podría permitirme al menos estar ahí compitiendo con otras personas por obtener una de esas becas, busqué los requisitos para solicitar una de las ayudas que ofrecen cada año.

Pero tengo 42 años. Y por lo que se ve en la imagen de arriba, estoy vieja para ser becaria.

Es verdad que el artículo 14 de la Constitución dice que “los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”, y que no dice nada de la edad (aunque sí habla de nacimiento, que podría servirnos para el caso). Pero supongamos que en lugar de la edad, la UIMP hubiera elegido otro criterio para dejar a algún colectivo fuera de esa convocatoria. Imaginemos que hubieran decidido que no podrían optar a las becas aquellas personas que fueran rubias. O zurdas. O vascas. O del Atleti. ¿Lo verían normal? ¿Sería constitucional? ¿Qué motivos hay para dejar fuera a los mayores de 40 años?

He comprobado que anteriores convocatorias, al menos las de los últimos cinco años, no incluyen semejante criterio de discriminación. Podéis consultarlas en este enlace.

Parece que este no es país para viejos.
ACTUALIZACIÓN: He llamado a la UIMP con el siguiente resultado:

  • una recepcionista o auxiliar administrativa ha considerado inadmisible el hecho de que los cuarentones quedemos fuera de la convocatoria de becas, y me ha invitado a llamar a Secretaría General a que me den explicaciones;
  • en Secretaría General me dicen que mande un correo, que la secretaria general lo contesta todo aunque hoy empiezan los cursos y está todo el mundo muy ocupado. En cuanto conteste alguien, os lo cuento.
  • he presentado una queja sobre esto al Defensor del Pueblo. Ya, no os riáis.
  • según he podido comprobar aquí, aunque la Constitución Española no hable de la edad como elemento que no puede ser motivo de discriminación, la Carta de los Derechos Universales de la UE sí lo recoge (gracias por el apunte, Ramón Ordiales), como podéis ver:
Artículo 21 de la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE

Artículo 21 de la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE

 

 

 

 

NUEVA ACTUALIZACIÓN (20-6-13): La web de noticias Cuarto Poder se hace eco aquí de este asunto y ofrece información sobre el por qué de la negativa de la UIMP a dar becas a mayores de 40. Lo más relevante de esa información es que nadie dice por qué se ha tomado la decisión de dejar fuera de la convocatoria a un determinado sector de la población.

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Open de Tenis de Madrid. A cara de perro.

Me gusta el tenis, como me gustan otros deportes. Soy deportista y me gusta ver deporte además de practicarlo. Yo era muy fan de ir al Open/Master de Tenis de Madrid, pero dejé de ir por varias razones que, juntas, formaron una bola de indignación imposible de tragar.

La Caja Mágica se construyó en San Fermín, uno de los barrios más pobres y estigmatizados de Madrid, situado en el distrito de Usera. Entre los muchos y engolados discursos que se dieron en torno a la magna construcción de Dominique Perrault, el de disfrazar la millonaria inversión de “operación para el reequilibrio territorial” fue de los más repetidos. Colocar allí aquello suponía dignificar un espacio que hasta ese momento había sido un vertedero. Se suponía que la actividad cotidiana de la escuela de tenis y la extraordinaria de los torneos y conciertos iban a suponer una revitalización del barrio.

Pero llegamos a nuestro primer master de tenis y lo primero que vemos es que con tu entrada no puedes salir del recinto y volver a entrar. Eso nos obligaba a consumir dentro del recinto durante todo el día agua y víveres en lugar de salir a los bares de la zona, por lo que al año siguiente decidimos ir con bocadillos. Pero al año siguiente prohibieron también entrar con bocadillos y agua. Te registraban las mochilas a la entrada y tiraban a la basura todo lo que fuera comestible. Teníais que haber visto las maniobras para camuflar los sandwiches en la ropa, especialmente en la de los niños, porque los vigilantes de seguridad no los cacheaban -tampoco tenían autorización para cachear a un menor si el padre o la madre no lo permitía- y pasaban dentro mientras nos registraban a los mayores. Aquello a los críos les divertía, la verdad.

También conseguimos burlar la vigilancia lanzando mochilas enteras llenas de comida hacia arriba, en vertical, desde el parque del Manzanares hacia la pasarela de acceso, una vez pasados los controles de seguridad. ¿Por qué tanto empeño? ¿Era seguridad lo que se garantizaba impidiendo el acceso con unos sandwiches? No. Era el negocio de los puestos de comida basura a precios de aeropuerto. Habías pagado más de 20 o 25 euros por entrada y a eso había que añadir 4 euros más por un perrito caliente de infame calidad y dos euros o tres por una botella de algo para beber. No podías comprar refrescos de una marca porque el grupo rival había pagado un dineral en patrocinios por la exclusividad del suministro.

Aquí mi amiga Marisa y yo exhibiendo el tupper como un trofeo, un triunfo sobre la seguridad de la Caja Mágica.

Aquí mi amiga Marisa y yo en 2010, exhibiendo el tupper como un trofeo, un triunfo sobre la seguridad de la Caja Mágica.

¿Quién gestionaba (y gestiona) este desastre? La empresa municipal Madrid Espacios y Congresos. Que por cierto ofrecía a sus “vips” un pantagruélico cátering gratuito que conocimos por la narración del mismo que hacían algunos amigos invitados al banquete.

Es decir, que el Ayuntamiento que había gastado millones de dinero público en la construcción de una instalación para los JJOO pero justificada en la necesidad de revitalizar un barrio deprimido, convertía el recinto en una burbuja aislada del entorno al que pretendía revitalizar dejando a los comerciantes y bares de la zona con tres palmos de narices, igual de solos y estigmatizados que estaban antes de la inauguración de la dichosa caja. Mientras, comiendo a cara de perro, los vips que ni siquiera habían accedido a la Caja Mágica por el barrio de San Fermín -no vieron sus calles, sus casas, sus vecinos- se hinchaban de comer gratis habiendo entrado ya gratis a los partidos que podían ver en localidades preferentísimas pagadas por los muchos aficionados que sí abonábamos entrada, y que teníamos que pasar la comida escondida como si fuese la más peligrosa y prohibida de las sustancias.

A eso le sumamos que las instalaciones estuvieron vetadas a los vecinos durante años; que las pistas de pádel desaparecieron para dejar espacio a HRT que se ha pirado dejando un pufo de 800.000 euros; que tardaron una barbaridad en reponer las pistas de pádel dejando sólo la mitad de las que había antes; que la escuela de tenis apenas existe; que se cierra toda actividad un mes antes del open; que ya no hay piscina ni sauna ni baño turco ni yakuzzi de acceso público como había antes de que la escudería de F1 hiciera su famoso “sinpa“; que todo esto ha sido un timo de proporciones fabulosas al que sólo le ha faltado el trabajo esclavo como en época de las pirámides… Y ahí tenéis mi bola de indignación. Imposible de tragar.

La pobreza en San Fermín es lo normal. No hay ricos en San Fermín. Pero eres más pobre cuando vives delante de un escaparate de lujo como la Caja Mágica.

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