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El Empleo

Fotograma del corto El Empleo, de Santiago Bou

Fotograma del corto El Empleo, de Santiago Bou

Hace como un año vi este cortometraje de animación y me conmocionó. Muchos ya lo habréis visto, pero a quienes no lo conocéis, os recomiendo verlo hasta el final, hasta después de los títulos de crédito.

Tiene muchas lecturas, muy interesantes. Pero para mí, explica cómo estamos ahora. Y diréis: “Exagerada, es una metáfora. Es una visión apocalíptica de hacia dónde vamos, pero no estamos así”. Yo creo que sí. Estamos así desde el momento en que pusimos el empleo por encima de cualquier otra prioridad, de cualquier otro valor. Se ha convertido en un valor absoluto. Como la Paz, la Justicia, la Libertad. El Empleo.

Esto me lleva a preguntarme cuántas más cosas estamos dispuestos a vender por un empleo. Hasta hace poco, uno vendía su trabajo y su tiempo -el de estar con su familia, el de ver crecer a sus hijos- a cambio de dinero, el salario. Sacrificaba muchas horas del día, más de las ocho recomendables, seguro, pero eso le permitía tener unos ingresos con los que disfrutar del resto de sus horas, y de su vida, de sus amigos y su familia, de sus aficiones. Además, si tu trabajo te gustaba -a mí me pasaba eso, siempre he trabajado en lo que me ha gustado- te reportaba otros beneficios que no eran económicos pero sí personales, sociales y afectivos.

De pronto, empezaron a ir mal las cosas. A la gente la echaban de su trabajo y no encontraba otro. Escuchabas historias de gente que iba a la fábrica, o a la redacción, día tras día, a hacer su trabajo, aunque llevaban meses sin cobrar. Se desencadenó un proceso de psicosis colectiva en el que empezaron a escucharse frases como “no voy a quejarme; al menos, tengo trabajo”, “no me pagan, pero si dejo de ir a trabajar no cobraremos los atrasos en la vida”, o “han echado a siete, y los tres que quedamos trabajamos como mulas y sin rechistar, no vayamos a correr la misma suerte”. Y el consabido: “Si no lo haces tú, en la calle hay gente que lo hará y por mucho menos”.

Las redes sociales aliñaron esto y en alguna ocasión hubo quien me dijo que tuviera cuidado con lo que tuiteaba. Ahora, que trabajo por mi cuenta, también hay quien me dice que si digo lo que pienso, nunca encontraré trabajo. Y también he empezado a morderme la lengua, lo confieso.

A cambio de un sueldo, ¿cuántas cosas estamos vendiendo, además del trabajo? ¿A cuántas libertades estamos dispuestos a renunciar por aferrarnos a un empleo? ¿A qué parte de nuestra dignidad? ¿Qué amistades “peligrosas” dejaremos de frecuentar en la cafetería para que nadie piense que simpatizamos con el comité, o con ese compañero que ha denunciado a la empresa? ¿Qué opiniones dejaremos de dar, no sea que nos señalemos? ¿Qué precio estamos dispuestos a pagar por un empleo? Porque os recuerdo que por un empleo se cobra, no se paga.

Y ¿cómo se llega a la situación del vídeo? Por el miedo.

Hay valores que nunca deberían serlo. El empleo es uno de ellos.

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Brindis al sol

Brindis al sol

Permitidme un brindis. Al sol, sí, como los lunes de demasiada gente. Pero un brindis.
Por que éste sea el año en que los contenidos salven a los periodistas del hambre.
Por un año en que volvamos a beber de esas fuentes a las que nunca debimos dejar de ir.
Por un año en que volvamos a contar lo que pasa en la calle, honestamente, y porque volvamos a tener dónde contarlas.
Por un año en que #GratisNoTrabajo y ustedes me perdonen, pero para hacerlo gratis, que no cuenten conmigo.
Por un año de gracia, de tregua: sin EREs, sin despidos, sin desahucios, sin muertos de hambre ni de desesperación.
Por un año más de aliento. Y de amor.
Salud.

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Nunca es tarde

Hace algunos meses, por motivos profesionales, conocí a Daniel. Es -entre otras cosas- vecino de Villaverde, socialista, y tiene una buena pila de años. Hablando con él, me comentó que tocaba en un grupo de rock, con otros amigos también cuarencincuentones como él:

– Anda, qué bien, – le dije, – ¿y cómo se llama el grupo?

Nunca es tarde.- Me dijo.

Me reí, claro.

Son buenos. Tuve la oportunidad de escucharlos el 24 de septiembre en un concierto en la Ciudad de los Ángeles (Villaverde, no San Francisco) y hoy mi primer post lleva el nombre de ese grupo. Porque he empezado muchas cosas en mi vida, incluido algún blog que anda por ahí huérfano, y nunca es tarde para empezar algo. Da igual que algo quede sin terminar. Empezar algo es creer en tu capacidad para crear.

Y yo creo en la mía.