Archivo de la etiqueta: empleo

El trends editor: surfeando tendencias

[Republico un post que se publicó inicialmente en el blog de Well-Comm, el 4 de febrero de 2014]
Entre los nuevos perfiles del periodismo digital, ha irrumpido con fuerza uno dedicado a la búsqueda de contenido que genere tráfico rápido y masivo. La idea es obtener clics que garanticen ingresos por publicidad con los que poder pagar a periodistas que hagan sus propias historias.

En la búsqueda de un modelo de negocio que dé rentabilidad a los medios de comunicación en la era de Internet, empieza a quedar claro un concepto: se necesitan periodistas especializados en encontrar enlaces de terceros que atraigan tráfico para poder pagar a otros periodistas que escriban sus propias historias.

Ese periodista especializado en la búsqueda de un contenido ligero, de terceros, muy viral y de consumo fácil recibe varios nombres: desde “content curator” hasta “trends editor”. En los medios nacionales, de momento predomina la idea de que un periodista digital debe hacer de todo, aunque sí se nota cierta tendencia a la especialización. “Por mucho que seas un periodista de raza, tienes que saber hacer de todo”, apunta Roberto Arnaz, quien tras años en lainformacion.com trabaja ahora en el portal idealista.com. “Lo ideal sería tener un equipo dedicado sólo a esto”. Recuerda que en La Información “en los buenos tiempos, había cuatro personas buscando historias” y subraya que la técnica era “parecida al surf: encontrabas la noticia que sabías que iba a funcionar bien y la esperabas hasta ese momento en que sabes que te puedes subir a ella y lanzarla a tope”.

Guillermo Rodríguez, subdirector de la edición española del Huffinton Post, afirma que el modelo de negocio actual pasa por un equilibrio entre hard news, lo que entendemos como noticias “serias”, “bien armadas pero que lee muy poca gente”, y soft news, “la última tontería de Hannah Montana o Britney Spears, que atraen tráfico”. Las últimas pagan a la gente que hace las primeras, “y éstas son las que te dan credibilidad”, añade.

Desde la edición web de ABC, una de sus dos editoras, Irene Gómez, tiene esa función de buscar qué es lo que está teniendo éxito, qué búsquedas está haciendo el público, y qué está “caliente” en la web. Para ella, el trends editor tiene que ser periodista pero conocer también a la perfección cómo se mueven los públicos digitales. “Y le tiene que gustar la información, las noticias. Te tiene que gustar levantarte con ellas, comer con ellas y acostarte con ellas”. Un vicio que comparten periodistas de raza y frikis de la información a la caza de la “ola”, de los clics. Pilar Millán, responsable de medios sociales del Grupo PRISA, asegura que el periodista digital no es menos periodista que otros. Conocen otras herramientas y otras dinámicas, pero siguen necesitando ese olfato, ese ojo clínico del periodista entrenado. “Ser digital significa estar familiarizado con el SEO, con la conversación en redes, con filtrar y verificar hasta encontrar fuentes fiables, con analizar qué noticias generan tráfico y a qué hora funcionan mejor las noticias de su sección”.

¿Qué otras cualidades debe tener este cazador de clics? Irene Gómez dice que “debe tener la intuición de detectar temas candentes y ver antes que los demás las cosas que está compartiendo la gente. Ser el primero te da cierta ventaja”. Guillermo Rodríguez abunda en la cuestión: “No marca la agenda sino que huele de qué habla la gente para dárselo: es la persona capaz de encontrarme el vídeo del gol del Madrid al minuto de producirse”.

Sobrevivir sin celebrities

Infolibre, eldiario.es o Cuarto Poder son medios digitales que han elegido renunciar a las soft news y ofrecer mucho mejor contenido propio, y por eso no cuentan en principio con ese profesional “surfista” en busca de la ola de clics que puede atraerle la última tontería de éxito en Youtube. “Sé que si sacara el culo de Britney Spears en portada tendría tres veces más clics pero no nos interesa, hemos optado por otro tipo de periodismo”, afirma Francisco Frechoso, director de Cuarto Poder: “Va a seguir siendo así, al menos mientras yo sea director”. El crecimiento de su periódico ha sido “sostenido y sostenible y por ahora podemos pagar puntual y religiosamente a todo el que colabora en nuestras páginas”. De momento, no se plantea fórmulas de pago como Infolibre o eldiario.es, pero cree que el futuro está ahí: “Los lectores se tienen que implicar en estos medios porque es la única garantía de independencia, aunque esa cultura no está madura todavía en España”.

Actualización 23 marzo 2014: He decidido añadir esta presentación de Upworthy sobre qué es lo que más se comparte, y cómo localizarlo y viralizarlo. Es una presentación con grandes enseñanzas para quienes quieran conocer el secreto de cómo captar clics con el contenido de otros en beneficio propio. Entre otras cosas, haciendo 25 titulares para cada historia.

Etiquetado , , , , , , ,

Sé bueno con tus becarios porque ellos serán tu reputación

Ha ocurrido algo fascinante: con la crisis (o “con la que está cayendo”, ese eufemismo), se está destruyendo empleo neto, y por tanto ha aumentado el número de trabajadores disponibles que desean cada uno de los puestos existentes. Aquí sí ha funcionado la ley de la oferta y la demanda de tal manera que el valor del puesto de trabajo ha subido y, consiguientemente, el valor de los trabajadores, ha bajado: éstos se muestran -nos mostramos- dispuestos a trabajar por menos dinero, con menos derechos, y más horas, de forma que lo que ha sucedido es que la “mano invisible” ha funcionado como eficaz instrumento al servicio de la flexibilización de nuestro “rígido” mercado laboral.

Las empresas, todas, no han tardado en darse cuenta del asunto y aprietan tuercas por todas partes, pero claro, eso no sale gratis y como dice el viejo dicho castellano, lo barato sale caro y el dinero del mezquino hace dos veces el camino. He detectado varias cosas relacionadas con la reputación que muchas empresas deberían valorar antes de tomar a la ligera decisiones sobre personal. Hablo de la reputación. De la calidad no hablo hoy pero el bajón se nota, aunque en estos tiempos el precio de las cosas es casi el único valor que miramos en lo que compramos y contratamos, porque somos todos más pobres.

Una de esas cosas relacionadas con la reputación son los becarios: si contratas becarios, les pagas mal, los tratas peor y abusas de ellos, piensa que son jóvenes, hiperconectados, con mucho tiempo libre para pasar con sus muchos amigos. Y sobre todo, con un enorme futuro por delante en el que establecerán nuevas amistades, nuevas conexiones y tendrán nuevos empleos. En todos esos ámbitos, hablarán mal de la empresa o empresas que los explotaron. Y no sólo contarán lo que hiciste con ellos, sino todas tus miserias. Así que piensa si tus becarios son felices, si se sienten respetados y creen que están aprendiendo en lugar de ser tratados como mano de obra esclava, porque igual se convierten en prescriptores de tu marca. O hunden tu reputación.

Otra práctica relacionada con este tema son las ofertas de trabajo. Si tu empresa publica ofertas de trabajo en la que propone pagar a 5 euros la hora a un profesional con experiencia, proactivo y con habilidades comunicativas, piensa que cualquier día se te organiza un escrache en la puerta. O en Twitter. Puede ser que las muchas visitas que tu cochambrosa oferta ha tenido en Infojobs no se deban al interés que hay en la red por tus ofertas de trabajo, sino porque te están poniendo a caldo en alguna red social. Si tu oferta es anónima, si no se ve el nombre de la empresa que ofrece ese puesto de trabajo tan fatalmente pagado, piensa que quizá alguien acabe averiguándolo (no suele ser difícil) y entonces tendrás una verdadera crisis de reputación. Si tienes vergüenza, igual tienes hasta una crisis de bochorno: lo sabrás porque súbitamente te arderán las orejas.

Ah, y otra cosa: cuando tus responsables de Recursos Humanos vayan a insertar una oferta de empleo en LinkedIn, en Infojobs o en algún sitio similar, que cuiden varias cosas:

– la ortografía: he visto cosas que no creeríais.

– la redacción: gente que no sabe poner sujeto, verbo y predicado, en este orden, que no se meta a escribir frases subordinadas, que se lía.

– la descripción del puesto: si quieres un responsable de Comunicación Externa y Gestión Económica, piensa que, o lo uno, o lo otro. Ningún buen profesional económico financiero es experto en Comunicación Externa; si lo es, que me lo presenten; y si lo cree, que me diga qué se mete y dónde lo compra, que es bueno.

 

Etiquetado , , , , , , , , ,

La Justicia declara improcedente el ERE de Telemadrid

Acaba de salir: calentita, la sentencia que declara improcedente el ERE de Telemadrid (ERE que ha supuesto el despido de más de 800 trabajadores, en gran parte, gente con su oposición y todo: un aviso para navegantes) subraya que “no es suficiente para acreditar la causa extintiva con acreditar una reducción en el presupuesto, que es insuficiente y congénito a un servicio público, por lo que se ha podido constatar, una reducción presupuestaria, entre un 5% a 10% , no parece pueda justificar la idoneidad de la medida extintiva. En consecuencia procede declarar no ajustada a derecho la decisión extintiva adoptada por las demandadas a no haberse acreditado la concurrencia de la causa legal indicada en la comunicación”.

Entiendo que lo que quiere decir ese críptico y horrible lenguaje jurídico es que no basta para echar a la gente el que sea insostenible una empresa a la que bajas la asignación presupuestaria. Claro, así cualquiera.

Contra la sentencia cabe aún recurso de casación. Veremos.

Etiquetado , , , , , ,

El Empleo

Fotograma del corto El Empleo, de Santiago Bou

Fotograma del corto El Empleo, de Santiago Bou

Hace como un año vi este cortometraje de animación y me conmocionó. Muchos ya lo habréis visto, pero a quienes no lo conocéis, os recomiendo verlo hasta el final, hasta después de los títulos de crédito.

Tiene muchas lecturas, muy interesantes. Pero para mí, explica cómo estamos ahora. Y diréis: “Exagerada, es una metáfora. Es una visión apocalíptica de hacia dónde vamos, pero no estamos así”. Yo creo que sí. Estamos así desde el momento en que pusimos el empleo por encima de cualquier otra prioridad, de cualquier otro valor. Se ha convertido en un valor absoluto. Como la Paz, la Justicia, la Libertad. El Empleo.

Esto me lleva a preguntarme cuántas más cosas estamos dispuestos a vender por un empleo. Hasta hace poco, uno vendía su trabajo y su tiempo -el de estar con su familia, el de ver crecer a sus hijos- a cambio de dinero, el salario. Sacrificaba muchas horas del día, más de las ocho recomendables, seguro, pero eso le permitía tener unos ingresos con los que disfrutar del resto de sus horas, y de su vida, de sus amigos y su familia, de sus aficiones. Además, si tu trabajo te gustaba -a mí me pasaba eso, siempre he trabajado en lo que me ha gustado- te reportaba otros beneficios que no eran económicos pero sí personales, sociales y afectivos.

De pronto, empezaron a ir mal las cosas. A la gente la echaban de su trabajo y no encontraba otro. Escuchabas historias de gente que iba a la fábrica, o a la redacción, día tras día, a hacer su trabajo, aunque llevaban meses sin cobrar. Se desencadenó un proceso de psicosis colectiva en el que empezaron a escucharse frases como “no voy a quejarme; al menos, tengo trabajo”, “no me pagan, pero si dejo de ir a trabajar no cobraremos los atrasos en la vida”, o “han echado a siete, y los tres que quedamos trabajamos como mulas y sin rechistar, no vayamos a correr la misma suerte”. Y el consabido: “Si no lo haces tú, en la calle hay gente que lo hará y por mucho menos”.

Las redes sociales aliñaron esto y en alguna ocasión hubo quien me dijo que tuviera cuidado con lo que tuiteaba. Ahora, que trabajo por mi cuenta, también hay quien me dice que si digo lo que pienso, nunca encontraré trabajo. Y también he empezado a morderme la lengua, lo confieso.

A cambio de un sueldo, ¿cuántas cosas estamos vendiendo, además del trabajo? ¿A cuántas libertades estamos dispuestos a renunciar por aferrarnos a un empleo? ¿A qué parte de nuestra dignidad? ¿Qué amistades “peligrosas” dejaremos de frecuentar en la cafetería para que nadie piense que simpatizamos con el comité, o con ese compañero que ha denunciado a la empresa? ¿Qué opiniones dejaremos de dar, no sea que nos señalemos? ¿Qué precio estamos dispuestos a pagar por un empleo? Porque os recuerdo que por un empleo se cobra, no se paga.

Y ¿cómo se llega a la situación del vídeo? Por el miedo.

Hay valores que nunca deberían serlo. El empleo es uno de ellos.

Etiquetado , , ,