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El hombre de hojalata

Hay tres cuentos que, para mí, son imprescindibles y que sin embargo les leemos poco a los niños y que leemos menos aún de mayores. Uno es Alicia en el país de las maravillas, otro El Principito (enlazo pdf) y el tercero es El Mago de Oz. Todos precisan una relectura adulta, por supuesto. Demasiado ricos en símbolos y poesía.

En El Mago de Oz, la pequeña Dorita recorre el camino de baldosas amarillas para llegar a la Ciudad Esmeralda, donde vive un mago que puede hacer que se cumplan sus deseos. Por el camino, se encuentra a un espantapájaros que quiere un cerebro inteligente; a un hombre de hojalata que pide un corazón; y a un león, que pide el valor y el coraje que no tiene. En el cuento, los cuatro consiguen llegar a la Ciudad Esmeralda donde el mago les encomienda peligrosas misiones, en las que los tres personajes secundarios logran demostrar que sí, que tenían cerebro, corazón y valor suficientes.

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Pedro Sánchez era para muchos un hombre de hojalata (“cartón-Pedro” le bautizaron en alguna redacción), un hombre con apostura pero sin valor; e incluso a veces, parecía sólo una sonrisa sin nada más detrás, en la sesera.

Veo desde hace semanas a Pedro Sánchez recorriendo el camino de baldosas amarillas que va de la Zarzuela a Moncloa pasando por la carrera de San Jerónimo, y veo que por el camino va ganando, no en apostura, que eso era ya difícil porque la verdad, es un guapo muy de libro (y lo sabe); sino en valor, en corazón y en inteligencia.

Valor para jugárselo todo a la carta de una investidura que es un triple salto mortal sin red sobre una piscina llena de ti-barones.

Corazón para dejar de ser ese hombre de sonrisa inefable y voz impostada (como bromeaba una amiga, “cuánto daño ha hecho el instituto Jaime Vera”) a quien era imposible creer por pluscuamperfecto.

Y la inteligencia para gestionar una situación en la que los demás sólo vemos sus posibilidades de perder o perder, perder contra los suyos o perder contra los otros.

La protagonista del cuento, Dorita, no consiguió hacer realidad sus deseos, como sí hicieron el espantapájaros, el león y el hombre de hojalata. Pero se tiró tras su perro desde un globo y se salvó de morir pensando muy fuerte que en ningún sitio se está como en casa.

Así, con un salto al vacío, logró su objetivo.

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La noche socialista es larga

Joaquín Leguina y José Acosta, en una imagen de 1990.

Joaquín Leguina y José Acosta, en una imagen de 1990 con la que el diario El Mundo ilustraba un reportaje de 2010 sobre los “20 años de guerra de guerrillas en la FSM”.

Nunca he ocultado mis opiniones. Ni antes en la calle ni ahora en Internet. Quien quiera conocerme, cuanto antes sepa quién soy, mejor para los dos. No tengo más dobleces que las que permiten una saludable vida familiar y social.

Pero suelo escribir poco de política en el blog, y hoy voy a hacerlo, como se adivina por el título del post. La frase de “la noche socialista es larga” viene de antiguo y aunque no sé su origen, sí recuerdo que se me quedó grabada en el congreso de la Federación Socialista Madrileña (ahora Partido Socialista de Madrid) de Alcorcón en 1997. Entonces estábamos cubriendo aquello algunos periodistas como Francisco Javier Barroso (El País), Javier Chivite (entonces COPE) y la que suscribe, por entonces también en la cadena obispal. Sé que se me olvidan compañeros, y perdonadme los que os sintáis postergados, pero la anécdota concierne a los que aquí menciono.

Se presentaron tres listas a aquel tumultuoso cónclave: la renovadora, encabezada por Jaime Lissavetzky, la “guerrista” o acostista, encabezada por José Acosta, y a última hora la de Izquierda Socialista, una candidatura encabezada por Antonio García Santesmases. Como un trasunto de cualquier congreso del PSOE a nivel nacional, aquél de la FSM en el Teatro Buero Vallejo de Alcorcón tenía los equilibrios muy justos entre las dos candidaturas más fuertes (Lissavetzky y Acosta) y al aparecer la tercera lista se complicaron bastante los planes. Sobre todo para los “alcaldes del Sur”, que ejercían el papel de “barones territoriales” pero a nivel regional, en la Comunidad de Madrid. Los papeles se repartían como si el congreso regional fuera una especie de reproducción a escala de lo que pasaba en el PSOE a nivel nacional. En vez de “barones”, aquí teníamos alcaldes del “cinturón rojo”. El objetivo era dar al PSOE la victoria en las elecciones municipales y autonómicas de 1999.

De aquel congreso recuerdo que las negociaciones se prolongaban hasta la madrugada. Los compañeros como Chivite y Barroso tenían la suerte de compartir el aseo de los delegados varones, que eran los que partían el bacalao. En ese momento de intimidad en que los señores mean de cara a la pared uno junto a otro como si no estuvieran sacándose allí la chorra, los compañeros se permitían departir con los delegados sobre el devenir de las negociaciones. En uno de los recesos, cuando la noche se hacía eterna y ya no sabíamos qué contar en los boletines horarios, Juan Barranco salió al baño y allí le asaltó Chivite con la pregunta de si quedaba mucho para llegar a un acuerdo. “La noche socialista es larga”, les dijo. Y ahí nació para mí esa frase, que seguimos utilizando cuando se tercia, porque se siguen produciendo situaciones similares a las que les viene la frase muy bien traída.

Las mujeres no podíamos sacar esos jugosos titulares del aseo porque la única mujer que pintó algo noticiable en aquél congreso fue Cristina Alberdi: casi a última hora, decidió que se ofrecía -¡se ofrecía!- para presidir la FSM con Lissavetzky de secretario general, aunque todos pensábamos que aspiraba en realidad a ser alcaldesa de Madrid.

La noche terminó sin acuerdo: los alcaldes del sur (que eran los que podían, con sus delegados, determinar si la balanza de la FSM caía del lado acostista o del lado renovador; Santesmases solo no podía) no se decidieron. Y entonces apareció, el domingo por la mañana, Felipe González. Señaló con su dedo a Lissavetzky, y como Dios, dijo: “este es mi hijo, el bienamado”. Los alcaldes dijeron “amén” y el congreso terminó.

Pero la noche socialista, que como digo es larga, no terminó. En Madrid la noche socialista apenas acababa de empezar.

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