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Tiempos locos es bien

Estoy hablando por el Messenger de Facebook con mi amiga Elisa McCausland, y me ha dado el título para este post. Tiempos locos es bien.

Me refería a la locura de día que ha sido hoy la presentación de Perspectivas wellcomm en el centro de innovación BBVA, con la maravilla de crew que tienen Silvia Albert y Rosa Matías, y con todos los “colaboradores necesarios” en esta obra que he tenido el gusto de coordinar y disfrutar.

Tiempos locos es bien. Hasta hace poco, esa frase mal construida no habría sido entendida, pero las redes están cambiando el lenguaje mucho más a fondo de lo que creemos. No basta con incluir en nuestro vocabulario expresiones como emoticono o tuit. La universalización del uso de estas herramientas está cambiando nuestra forma de escribir, de leer, las frases hechas pueden ser -como en este caso- calcos del inglés o giros que proceden de las redes y que usamos en tono irónico, cómico o festivo. Si el lenguaje hace el pensamiento, cambiar el lenguaje ¿cómo afecta a nuestra percepción y a nuestra forma de ver la vida?

Las redes están cambiando la comunicación a gran velocidad pero también a gran profundidad, como digo. Ya no es que Twitter o Facebook o Instagram vayan a perdurar. Es la lógica que rige todas ellas la que va a perdurar y la que convendría que muchas empresas, organizaciones e instituciones interiorizaran lo antes posible para que no mueran de rigidez.

Ejemplos hay a diario pero hoy me detengo en uno porque es de hoy y es paradigmático: la Consejería de Sanidad de Madrid ha prohibido que en los pasillos de urgencias haya periodistas o políticos, para evitar filtraciones. Más allá de que un periodista o un político puede ser paciente de urgencias en cualquier momento, ¿han pensado que hoy cualquier paciente lleva un móvil con cámara, con grabadora, con redes sociales, y eso le convierte en testigo y medio a la vez?

Llevamos años hablando de transparencia y nos vienen con esas…

Pero es que esa es la realidad. Por eso es a veces tan duro y tan frustrante trabajar en comunicación. Es una profesión magnífica y creativa donde la curiosidad te lleva a leer y aprender cada día lo nuevo, lo último, lo que viene, estás obligado a ir por delante de las tendencias para anticipar estratégicamente a dónde vas a ir, qué elementos debes ir preparando. Y cuando eres el que está en el último berrido, llegas con él a tu organización, a tu empresa, a tu cliente y le muestras el futuro… él o ella no están preparados para la propuesta. Esa es la realidad.

Y esa realidad es la que hemos querido recoger en el Informe de Perspectivas wellcomm de Comunicación 2016. Mi empeño fue hacerlo paritario (que hubiera tantos expertos como expertas), y que mirara la comunicación desde otros puntos de vista: directivos, presidentes, lectores, influencers, clientes, pacientes, responsables de marketing, de RSC, de eventos, de otras áreas, para que nos viéramos a nosotros mismos como nos ven “los otros”.

Así ha salido este informe que no hubiera podido jamás hacer yo sola, y que es el fruto del trabajo y la reflexión de muchas personas. Es una visión poliédrica del estado de la comunicación en 2016, y de las tendencias que quizá lleguen a consolidarse. Querría pensar que esas tendencias encontrarán mentes arriesgadas que las abrazarán y las harán realidad, dándonos ejemplos creativos como este que he visto hoy y que me ha fascinado: En una sola acción, comunicación en vivo, branded content y RSC. Bravo.

Mientras tanto, consejos vendo: compañeros, compañeras, no dejéis que la realidad de instituciones, organizaciones y empresas os desanime u os haga pensar que estar en la avanzadilla es estar equivocados, que aprender nuevas cosas es perder el tiempo. No. Seguid siempre curioseando, no dejéis de investigar qué nueva tendencia puede ser útil para contar mejor y más rápido aquello que tenéis que contar. Siempre puede surgir la oportunidad de ser los primeros en hacer algo, y en todo caso, siempre podréis decir, llegado el momento: “Ya lo decía yo”.

No cabrían ni en mil posts las palabras de agradecimiento que tengo en mi corazón para quienes participaron en este informe wellcomm, para quienes hoy nos acompañaron en la presentación como público y como ponentes, y para quienes (Rosa, Silvia) me dieron la oportunidad de hacer uno de esos informes que, año tras año, he devorado para saber de qué iba a ir mi trabajo. También a los que no pudieron venir pero nos siguieron en streaming o en las redes o simplemente nos tuvieron en cuenta. Gracias, gracias, gracias.

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Tuits promocionados. Cui prodest?

Estamos hartos de decirlo. Twitter no es un buen lugar para exponerte si no tienes la trastienda bien limpia. Y menos pagando. Lo que voy a decir aquí igual molesta, pero como es mi opinión y tengo con qué soportarla, supongo que al menos servirá para dar motivos a todos aquellos que están en contra de pagar a Twitter por los promoted tweets.

Veamos algunos ejemplos recientes vistos en mi timeline.

 

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No quería hacer un sesudo análisis de lo evidente, pero me pregunto… ¿cuánto le costó a El Corte Inglés conseguir la escalofriante cifra de 30 retweets y 41 favoritos? ¿Los dueños del videojuego ya han demandado al establecimiento? Porque tela. Bueno, y eso por no hablar de la segmentación, evidentemente errónea, y el empleo de “venirse”, en según qué países de habla hispana, puede significar cosas que desconoce el redactor del tuit en cuestión.

Más ejemplos.

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En este caso, me preguntaba yo quién habría aconsejado a una aseguradora meterse en semejante berenjenal. Daba cancha a un amplio espectro de usuarios: desde los desengañados por la escasa cobertura de las pólizas en general (no sólo de Catalana Occidente en particular), hasta los interesados en la cuestión de la independencia o secesión de Cataluña. Y todo para conseguir el magro beneficio de 3 retweets, que suponemos amigos y familiares del community manager.

Este me encanta:

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Y aquí, con un retweet en dos días y dos favoritos, es donde yo veo la verdadera utilidad de los tuits promocionados: ¿Quieres saber qué está haciendo mal una marca y cuál es su problema de reputación? ¿Cuáles son sus trapos sucios? ¿Qué es lo que dice la gente, lo que cree la gente, qué tienes que esforzarte en contrarrestar si estás dentro como dircom o como director de Marketing? Pincha el tuit promocionado y entérate.

A veces, los que nos vemos en el espejo, somos los tuiteros y aparece nuestra simpleza:

 

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Moraleja: merece la pena promocionar un tuit si eres una ONG con buenas prácticas, porque las respuestas negativas de cuatro desalmados se ven compensadas con los retweets y favs de otros usuarios. Y si crees que algo en tu organización va mal, mira las respuestas porque han de servirte de orientación, como poco.

Ojo que también hay casos de éxito, hay algunos aquí. Las cifras no resisten ninguna comparación.

Con quienes más me he divertido últimamente ha sido con las campañas relacionadas con el reciclaje. Aparte de alguna triste metedura de pata en la publicidad convencional (unos mupis en el Metro “reciclaban” la imagen de Mariví Bilbao, un año después de que la popular actriz hubiera fallecido), gracias a los tuits promocionados de Ecovidrio vimos que hay cierta corriente de opinión a favor de que nos paguen por reciclar:

ecovidrio

 

El tema es que los españoles estamos ya muy viajados. Como tenemos gran parte de la juventud exiliada,  sabemos que en otros países reciclar te da unos céntimos, y aquí la cosa es bien distinta.

Todo esto ya pasa cuando una marca está en Twitter. Se expone a comentarios así, pero yo no habría visto los problemas de Nestlé o Ecoembes si estas compañías no hubieran pagado por aparecer en mi TL. Y creo que esto es algo sabido de sobra por muchos que siguen vendiendo tuits promocionados por -supongo- el margen que se llevan. ¿Qué otra razón puede haber?

 

 

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El trends editor: surfeando tendencias

[Republico un post que se publicó inicialmente en el blog de Well-Comm, el 4 de febrero de 2014]
Entre los nuevos perfiles del periodismo digital, ha irrumpido con fuerza uno dedicado a la búsqueda de contenido que genere tráfico rápido y masivo. La idea es obtener clics que garanticen ingresos por publicidad con los que poder pagar a periodistas que hagan sus propias historias.

En la búsqueda de un modelo de negocio que dé rentabilidad a los medios de comunicación en la era de Internet, empieza a quedar claro un concepto: se necesitan periodistas especializados en encontrar enlaces de terceros que atraigan tráfico para poder pagar a otros periodistas que escriban sus propias historias.

Ese periodista especializado en la búsqueda de un contenido ligero, de terceros, muy viral y de consumo fácil recibe varios nombres: desde “content curator” hasta “trends editor”. En los medios nacionales, de momento predomina la idea de que un periodista digital debe hacer de todo, aunque sí se nota cierta tendencia a la especialización. “Por mucho que seas un periodista de raza, tienes que saber hacer de todo”, apunta Roberto Arnaz, quien tras años en lainformacion.com trabaja ahora en el portal idealista.com. “Lo ideal sería tener un equipo dedicado sólo a esto”. Recuerda que en La Información “en los buenos tiempos, había cuatro personas buscando historias” y subraya que la técnica era “parecida al surf: encontrabas la noticia que sabías que iba a funcionar bien y la esperabas hasta ese momento en que sabes que te puedes subir a ella y lanzarla a tope”.

Guillermo Rodríguez, subdirector de la edición española del Huffinton Post, afirma que el modelo de negocio actual pasa por un equilibrio entre hard news, lo que entendemos como noticias “serias”, “bien armadas pero que lee muy poca gente”, y soft news, “la última tontería de Hannah Montana o Britney Spears, que atraen tráfico”. Las últimas pagan a la gente que hace las primeras, “y éstas son las que te dan credibilidad”, añade.

Desde la edición web de ABC, una de sus dos editoras, Irene Gómez, tiene esa función de buscar qué es lo que está teniendo éxito, qué búsquedas está haciendo el público, y qué está “caliente” en la web. Para ella, el trends editor tiene que ser periodista pero conocer también a la perfección cómo se mueven los públicos digitales. “Y le tiene que gustar la información, las noticias. Te tiene que gustar levantarte con ellas, comer con ellas y acostarte con ellas”. Un vicio que comparten periodistas de raza y frikis de la información a la caza de la “ola”, de los clics. Pilar Millán, responsable de medios sociales del Grupo PRISA, asegura que el periodista digital no es menos periodista que otros. Conocen otras herramientas y otras dinámicas, pero siguen necesitando ese olfato, ese ojo clínico del periodista entrenado. “Ser digital significa estar familiarizado con el SEO, con la conversación en redes, con filtrar y verificar hasta encontrar fuentes fiables, con analizar qué noticias generan tráfico y a qué hora funcionan mejor las noticias de su sección”.

¿Qué otras cualidades debe tener este cazador de clics? Irene Gómez dice que “debe tener la intuición de detectar temas candentes y ver antes que los demás las cosas que está compartiendo la gente. Ser el primero te da cierta ventaja”. Guillermo Rodríguez abunda en la cuestión: “No marca la agenda sino que huele de qué habla la gente para dárselo: es la persona capaz de encontrarme el vídeo del gol del Madrid al minuto de producirse”.

Sobrevivir sin celebrities

Infolibre, eldiario.es o Cuarto Poder son medios digitales que han elegido renunciar a las soft news y ofrecer mucho mejor contenido propio, y por eso no cuentan en principio con ese profesional “surfista” en busca de la ola de clics que puede atraerle la última tontería de éxito en Youtube. “Sé que si sacara el culo de Britney Spears en portada tendría tres veces más clics pero no nos interesa, hemos optado por otro tipo de periodismo”, afirma Francisco Frechoso, director de Cuarto Poder: “Va a seguir siendo así, al menos mientras yo sea director”. El crecimiento de su periódico ha sido “sostenido y sostenible y por ahora podemos pagar puntual y religiosamente a todo el que colabora en nuestras páginas”. De momento, no se plantea fórmulas de pago como Infolibre o eldiario.es, pero cree que el futuro está ahí: “Los lectores se tienen que implicar en estos medios porque es la única garantía de independencia, aunque esa cultura no está madura todavía en España”.

Actualización 23 marzo 2014: He decidido añadir esta presentación de Upworthy sobre qué es lo que más se comparte, y cómo localizarlo y viralizarlo. Es una presentación con grandes enseñanzas para quienes quieran conocer el secreto de cómo captar clics con el contenido de otros en beneficio propio. Entre otras cosas, haciendo 25 titulares para cada historia.

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La paradoja comunicacional de la pyme

Llevo algún tiempo trabajando como freelance en comunicación. En este tiempo, he elaborado propuestas para pequeñas y medianas empresas de gastronomía, servicios a la comunidad, automoción, formación… y he aprendido mucho. He detectado varios problemas que me han venido a convencer de dos cosas:

1) que en general, en Madrid (y supongo que en el resto de España, también), la pyme no está madura para la comunicación, principalmente por desconocimiento y por falta de preparación de sus responsables;

2) que por eso mismo es un mercado con enorme potencial si consigue salvarse de la bestial ofensiva que mantienen contra ellos los gobiernos y las grandes corporaciones. Y para salvarse, la comunicación será un elemento decisivo. Estratégico.

Una infografía vista en Pinterest sobre la relación de las pymes con las RRSS

Una infografía vista en Pinterest sobre la relación de las pymes con las RRSS

Sin ánimo de sentar cátedra en nada, voy a contar lo que he visto personalmente por si mi experiencia personal es útil a alguien. En primer lugar, voy a contaros cómo trabajo: una empresa entra en contacto conmigo bien porque me llama o bien porque me interesa trabajar con ellos y la llamo yo. Estudio de forma profesional lo que hacen, qué venden y dónde puedo resultar útil y les hago una propuesta para aprovechar al máximo sus recursos. No sólo económicos: me refiero a que si generan contenidos y no los están aprovechando, les explico cómo pueden hacerlo. Esas cosas.

Cuando presento un plan de comunicación a una pyme, normalmente recibo feedback muy positivo: les encanta lo que planteo y cómo lo presento, y aunque les parece que propongo un precio muy razonable para poner todo ello en marcha, suelen decir que no pueden gastarse esa cantidad. Da igual la cantidad que sea, siempre es el mal. Voy a intentar enumerar casos que muchos de vosotros reconoceréis si os dedicáis a esto.

– #paradoja1: La pyme familiar y tradicional, donde para ser gerente sólo hace falta ser hijo del dueño sin más preparación que esa. Ahí normalmente no hay dinero para pagar un plan de comunicación y márketing pero sí para soltar 3.000 euros por una página de publicidad en papel sin pedir retorno alguno. La fe mueve montañas, de dinero. Con ver el anuncio impreso, se conforman. El responsable de la decisión actúa según el siguiente principio: “Hacemos lo que hemos hecho toda la vida y si me equivoco, no se nota”. Equivocarse con una apuesta nueva es un riesgo que no quiere asumir nadie en la empresa. Esto pasa mucho y no sólo en pymes, sino en grandes compañías y en empresas públicas.

– #paradoja2: La empresa también de poco tamaño pero enorme potencial (por sus contenidos, por su posible mercado, por su escalabilidad, por mil motivos) cuyos responsables no tienen ninguna formación en comunicación pero sí están muy cualificados en otras cosas, lo que les convierte en clientes habituales de la comunicación (leen prensa, prensa extranjera incluso, blogs especializados, usan las redes sociales, etc.). Este manejo de servicios relacionados con la comunicación les lleva a creer que también saben hacerla. En estos casos el responsable piensa: como no sé hacer esto pero tiene que salir bien porque estoy dándomelas de experto, suelto miles de euros a una gran agencia que me lo soluciona todo, pero no asumo el riesgo de contratar a un consultor freelance no sea que me equivoque y quede en evidencia. Aquí nos encontramos con un cliente pequeño de una agencia grande que podría ser tratado por un consultor freelance como un cliente grande de una agencia pequeña. Si sabéis leer, no hace falta que sea más explícita. Y si alguien necesita explicación, que me la pida en comentarios. No quiero extenderme mucho.

– #paradoja3: Es una variante de las anteriores, pero aplicable a cualquier pyme por muy ignorante que sea su propietario/gerente. Mejor dicho: es más aplicable cuanto más ignorante sea el dueño. Cuando no sé nada de comunicación, mi único criterio objetivo para saber si algo es bueno o malo es el precio. Ergo contrato lo más caro. Que como todo el mundo sabe, no siempre es lo mejor. Os sonará aquello de que el necio confunde valor y precio, y otros ejemplos del refranero popular. Y aquí soy especialmente dura porque me encuentro con esto continuamente y no sólo en mi trabajo, sino en la vida. Gente que no sabe qué colegio elegir para sus hijos porque no tiene idea de qué educación quiere, se va al más caro que pueda pagar porque el único elemento objetivo que tiene para juzgar la calidad de la enseñanza es el precio. Y así con todo.

Un cupón hecho por la CM de la clínica y publicado en FB sin depender de terceros.

Un cupón hecho por la CM de la clínica y publicado en FB sin depender de terceros.

– #paradoja4: O paradoja de los cupones. Muchas empresas pequeñas, en especial las de la hostelería, deciden entrar en la dinámica del cupón sin pensar en los costes, sin evaluar que quizá ese dinero (el que les cuesta la operación, entre el descuento, las condiciones leoninas, la comisión de la web de cupones, etc.) podrían invertirlo en un profesional bien entrenado, comprometido, y en una estrategia diferenciada que no dependa de terceros. Conocí un caso en el que un restaurante estaba harto de que siguiera apareciendo una oferta suya caducada en el caché de Google, y la gente la siguiera reclamando. La paradoja aquí es que “tengo poco dinero pero puedo rebajar mi precio, y gasto en descuentos lo que no he sabido gastar en comunicación”. A la larga, al cliente que busca chollo no lo fidelizas en la vida, y al que podrías fidelizar y convertir en prescriptor, no llegas porque no sabes hacerlo.

– #paradoja5: Si antes decíamos que los que no saben de comunicación pero creen que sí se gastan miles de euros porque los tienen y porque confunden valor y precio, ahora vamos a hablar del caso contrario: como no tengo dinero, no me lo puedo gastar en grandes consultoras, pero le doy el twitter y el facebook a mi sobrino, a mi amigo, a mi pariente más friki, que él me lo lleva gratis o por las copas, en lugar de contar con un profesional. O contrato por 35 euros al mes un community manager “low cost”. Al cabo del tiempo -no mucho- no les dará resultado y lo dejarán. Pero llegarás tú a explicarles que esas herramientas son buenas en una estrategia mínimamente trabajada, y te contestarán: “Huy, qué va, yo ya tuve twitter o facebook y no funcionó”. El resultado de estas prácticas es convertir el universo pyme en “tierra quemada” para la comunicación porque la hicieron (o creyeron que la hacían) y no les dio retorno (no digo de la inversión porque realmente no invirtieron nada o casi nada).

Al final, me ha quedado un post un poco duro, pero me gustaría que las pymes comprendieran que la comunicación puede ser la inversión más rentable de su vida y quizá la única que estén a tiempo de hacer para salvarse. Si se la encargan a un buen profesional siempre les va a salir más barato que no hacer nada.

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Sucesos, testigos y redes sociales

Nunca fue tan fácil acceder a las fuentes de información. Internet es relativamente rápido y estamos la mayoría capacitados para buscar información en varios idiomas. Sin embargo, y sabiendo que quien lea esto pensará que soy una antigua, sigo creyendo que hay algo absolutamente necesario cuando cubres una información y es salir a la calle. Sé que en las redacciones cada vez más mermadas hay un redactor por cada siete mesas y es difícil que el pobre pueda hacerlo todo si sale a cubrir un suceso. Sólo podrá informar de ese suceso y, por muy bien que lo haga, le quedará todo el resto del trabajo por hacer.

Entonces, ante un suceso como la muerte esta madrugada de tres jóvenes en una avalancha en el Madrid Arena, los medios se apresuran a buscar testimonios vía redes sociales. Es algo fantástico, porque antes de que estas redes existieran, cubrir un suceso desde la redacción era una auténtica locura. Tenías que manejar la guía telefónica -las Páginas Blancas en papel, aquello era oro en paño- y solía dar buen resultado cuando el suceso tenía lugar en un inmueble con número de portal, calle, etc. Te ibas a los García, González, Pérez, López, apellidos muy comunes, y buscabas alguno que viviera en el inmueble. Te dejabas los ojos pero siempre aparecía alguien a quien llamar por teléfono.

– Buenas tardes, ¿es usted el señor García?- Preguntabas.

– Sí, dígame.-

– ¿Vive usted en la calle tal, número tal?

La pregunta era obligada, había que contrastar hasta lo que ponía en la guía telefónica.

Si la respuesta era afirmativa, seguías.

– Mire, le llamo de tal medio, soy periodista, creo que ahí ha habido hoy un homicidio, ¿sabe usted cómo ha sido, quién era la persona fallecida?

Se iniciaba una conversación que a veces, la mayoría de las veces, daba como resultado un testimonio interesante. El colmo de la alegría era cuando te decían:

– Ya se lo he contado todo a la Policía, señorita.

Eso quería decir que habías dado con un tipo que le había interesado a la policía. Era bueno. Si no era tan bueno, por determinados indicios acababas sabiendo si tu interlocutor hablaba de oídas o había presenciado el tema, o había conocido a la víctima, al detenido, o lo que fuera. Si no, siempre podías preguntarle:

– ¿Conoce usted a algún vecino que sepa algo más, que fuera más cercano a la familia de la víctima, o del detenido? ¿Podría ponerme con él?

Y a veces te lo pasaban, la gente es maravillosa.

Pero lo mejor para cubrir un suceso, imprescindible en casos como el del Madrid Arena, era salir a la calle, ir a donde habían ocurrido las cosas, y contar lo que veías para poner los lectores u oyentes en el lugar de los hechos. Esa es la misión de un periodista: llevar a tu audiencia allí donde suceden las cosas, para que tenga el conocimiento más completo posible de lo sucedido.

Ahora que nadie sabe manejar una guía telefónica y que las páginas blancas ya no andan por las redacciones en papel, la cosa se ha complicado bastante. Pero tenemos las redes sociales. El problema de éstas es que tomamos lo que en ellas se publica como si fuera cierto a priori, cuando lo cierto es que multiplican las dudas acerca de si quien dice haber estado en el suceso ha estado allí realmente. ¿Cómo se verifica en los medios la autenticidad de los testimonios? ¿Existe algún criterio a la hora de copiar y pegar lo que aparece en Twitter o Facebook?

Esta mañana formulé esa misma pregunta a los periodistas que estaban firmando en medios digitales, radio y televisión las informaciones con testimonios de lo ocurrido. Envié mails y mensajes directos o menciones a través de Twitter a periodistas de Canal Sur, Telecinco, Telemadrid, Onda Madrid, El País, La Vanguardia, El Confidencial y Cadena SER. Nadie me contestó, salvo Telemadrid y Onda Madrid. En el primer caso, María López me explicó que iban físicamente al lugar de los hechos; en el segundo, Loli Jurado me indicó que entrevistaron por teléfono a los que habían encontrado por la red, y a sus padres en el caso de que se tratara de menores de edad (que por cierto, no deberían haber podido acceder al recinto).

Sin embargo, un medio como El País publicaba directamente testimonios subidos a la red y pedía a través de su página en Facebook que quienes hubieran estado allí, contaran más cosas.
El problema es que así, pidiendo testimonios en Facebook para hacer un copypega de los mismos en el periódico, sin comprobar nada, podemos estar haciendo feliz a alguien que quiere gastarnos una broma o simplemente, por puro erostratismo, presumir ante sus amigos que nos la ha colado. Pero no estamos haciendo periodismo, como bien hicieron notar los tuiteros como @GuerraEterna:

:

El mismo estilo utilizaron algún programa de La Sexta y reporteros de otros medios, llegando a cabrear bastante a la concurrencia, un poco harta de este tipo de prácticas que alejan al periodismo de su razón de ser y lo convierten en algo parecido a “radio macuto” o “radio patio”.

Y mientras, en un vídeo subido a Youtube por uno de los testigos de la avalancha, y que enlazaron varios medios, los comentarios estaban llenos de teléfonos de contacto y nombres de redactores que pedían al dueño del vídeo que les llamara para hablar con él. Había algún comentario realmente sonrojante:

Todo esto carecería de importancia si no fuera porque se habla de la crisis del periodismo como algo puramente derivado de la crisis económica, cuando en realidad, la situación está como está porque arrastra una crisis de contenidos, de profesionalidad y de dedicación que lleva afectando a toda la prensa española hace muchos años, diría que como poco hace más de diez.

En mi modesta opinión, las redes son una herramienta fantástica para encontrar a quienes antes encontrábamos en las páginas blancas de Telefónica. Pero hay que hacer algo más que copiar y pegar desde Twitter o Facebook, porque el usuario ya lee directamente los testimonios ahí publicados, y lo que necesita es que tú, periodista, desde un medio de comunicación, le garantices que lo que tu medio publica y tú firmas es realmente un testimonio de alguien que estuvo allí. Ahora lo llaman “curación de contenidos” pero es lo que se ha hecho siempre en las redacciones: asegurarte de que tu audiencia tiene la mejor información posible, en su contexto y con la presentación más clara posible.

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